Gabriel Rosas Vega

Crecieron demasiado

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
noviembre 28 de 2012
2012-11-28 11:34 p.m.
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Como principio tienen las cosas, el desastre de InterBolsa no se puede ver lejos del acontecer mundial, especialmente a espaldas del mercado de EE. UU., motor básico de la actividad económica.

Con la idea inapelable de que la globalización es irreversible, sobre todo si se toma en cuenta el hecho de que cualquier paso atrás podría implicar la pérdida de muchas ganancias obtenidas en buena parte del siglo pasado, los dueños de la verdad, entre quienes se encontraba el Presidente del Federal Reserve, Alan Greenspan, sostuvieron y defendieron a ultranza la desregulación de los mercados financieros, porque la caída de las barreras al comercio, ocurrida después de la Segunda Guerra Mundial, no podría resucitarse en consideración a que las consecuencias serían equivalentes o parecidas a las que siguieron al colapso bursátil de 1929.

Dicho en otras palabras, bajo la intimidación permanente y persistente del surgimiento de un caos imposible de controlar, la pérdida de prosperidad conquistada con la globalización se esfumaría.

Es más, la recuperación posterior a la Segunda Guerra contó en un inicio con el impulso del reconocimiento generalizado por parte de dirigentes que consideraban que el auge del proteccionismo que siguió a la primera confrontación bélica había sido un factor contribuyente fundamental para la profundización de la Gran Depresión.

Como consecuencia, las autoridades empezaron a derribar, de manera sistemática, las barreras comerciales y, un tiempo después, las de los flujos financieros.

Gracias a la desregulación, al aumento de la innovación, a la bajada de las barreras al comercio y la inversión, el comercio internacional de los años recientes, sostenía Greenspan, se amplió a un ritmo más rápido que el del PIB, lo que implicaba un aumento comparable de este último.

El avance de los mercados financieros globales, no se puede negar, es evidente, en particular en la forma y eficacia con la que invierten los ahorros del mundo, factor que contribuye de forma vital al crecimiento de la productividad. Sin embargo, y pese a las admoniciones del maestro Greenspan, que decía que “los magos de Wall Street se habían asegurado de que ya no pudiera volver a ocurrir nada semejante a los grandes desastres financieros del pasado”.

Lamentablemente, las innovaciones que tanto aplaudió e identificó como elementos básicos de la mejoría de la estabilidad financiera fueron las que llevaron al sistema financiero al borde del abismo. Ahora se sabe que las ventas de valores respaldados por activos -esencialmente, la capacidad de los bancos de atender grupos de hipotecas y otros préstamos de inversores mal informados, en lugar de mantenerlas en sus propios libros- favoreció al préstamo sin condiciones.

Las obligaciones crediticias con garantía secundaria –o colateralizadas–, al mezclarlas con ingredientes de distinto origen y sabores, terminaron convirtiéndose en un pastel de deuda mala que atrajo a inversionistas ingenuos, manejados por banqueros sin freno y ávidos de crecidas utilidades y poder.

En relación con esto, es preciso tener presente que por una petición que hizo el Citibank, que quería fusionarse con Travelers, se derogó una norma que había impuesto la separación entre banca de depósitos y de inversión.

El resultado fue un sistema cada vez menos regulado, en el que los bancos tenían libertad para entregar sin reservas el exceso de confianza que había generado.

La deuda se disparó y los riesgos se multiplicaron. En fin, se sentaron las bases de la crisis.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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