Gabriel Rosas Vega

No más largas al problema

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
octubre 18 de 2012
2012-10-18 03:32 a.m.
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Después del examen que los ministros de Hacienda de los países miembros del FMI y el Banco Mundial le hicieran a la economía en la reunión celebrada en Tokio, las noticias sobre la situación presente y el desarrollo futuro no son buenas.

Al contrario, son malas y desalentadoras.

Para comprobar el aserto basta revisar el informe presentado por el FMI a la asamblea, el cual muestra cómo han aumentado los riesgos de que se acentúe el deterioro y de que los acontecimientos lo obliguen a bajar los pronósticos de crecimiento mundial a 3,3% este año, y a un famélico 3,6% en el 2013.

Pero el problema más serio está en el hecho de que los países avanzados son los de peor desempeño, esto, por el plan de austeridad y la debilidad de sus sistemas financieros.

¡Quién lo creyera! Hace muy poco tiempo, cuando el promocionado Acuerdo de Washington era el credo del neoliberalismo, no había la menor posibilidad de discutir los defectos del modelo, ni menos ofrecer alternativas diferentes a las sostenidas por los furibundos sostenedores.

La verdad revelada era esa y no cabía la menor discusión. Para quienes osaran pensar distinto, no había otro lugar en la vasta geografía universal que el ostracismo.

Ni más faltaba, aceptar que la austeridad podía en un momento dado entorpecer la recuperación de una economía en crisis o que el sobredimensionado sector financiero fuera uno de los causantes de la debacle, no encajaban dentro de esquema.

Para los que no hemos abdicado de las ideas keynesianas, entre otras razones, porque desde un principio entendimos que el punto de partida de la teoría no era aumentar el gasto público a la topa tolondra, ni que el déficit constante era la clave.

Es satisfactorio comprobar que por fin muchos de los detractores se están percatando de que la solución de la crisis está por los lados del planteamiento de Keynes, quien, por cierto, nos legó buena parte del marco analítico que se necesita para explicar las depresiones económicas.

Este es el motivo por el que vale recordar unas palabras escritas por Keynes en 1930 (Krugman, 2010): “el mundo ha tardado en darse cuenta de que, este año, vivimos eclipsados por una de las mayores catástrofes económicas de la historia moderna.

Pero, ahora que la gente de la calle ha tomado conciencia de lo que sucede, esas personas, sin saber ni cómo ni por qué, están desbordadas, por lo que podrían resultar temores exagerados como antes, pues cuando empezaba a aflorar el problema, carecían de lo que habría sido una angustia razonable. Empiezan a dudar del futuro. ¿Se están despertando de un placentero sueño para enfrentar a la oscuridad de los hechos?, ¿o han caído en una pesadilla que acabará pasando?”.

Las palabras reproducidas se escribieron hace más de 80 años, cuando el mundo iba cayendo hacia lo que más tarde se llamaría la Gran Depresión.

Sin exageración alguna, se puede decir que son tan actuales que podrían ser escritas hoy.

En tal circunstancia, no hay motivo para vacilar en cuanto a la solución: habiendo reconocido que la política debe ser de choque y que el recorte del gasto puesto en marcha por las economías avanzadas no ha dado resultados, lo indicado es fortalecer la demanda de los países aplicando la fórmula aconsejada casi un siglo atrás.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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