Gabriel Rosas Vega

Qué lejos estamos

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
junio 20 de 2013
2013-06-20 02:21 a.m.
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El título de esta nota responde a la impresión que me dejó la lectura del libro Políticas para el desarrollo de la agricultura colombiana, elaborado por Juan José Perfetti, Álvaro Balcázar, Antonio Hernández y José Leibovich; editado por Fedesarrollo, y apoyado por la Sociedad de Agricultores de Colombia.

Para llegar a la conclusión de que el país está muy lejos en materia de política agropecuaria y soluciones, basta señalar que hace más de 50 años el debate se centraba en los mismos hechos y las mismas circunstancias que hoy caracterizan el paupérrimo desempeño sectorial.

Si bien, desde el punto de vista histórico, la agricultura ha jugado un papel muy importante en el proceso de desarrollo del país, las dinámicas de diverso orden que allí se dan tienen su origen, en buena parte, en el devenir de la agricultura.

La configuración del modelo sectorial y la importancia estratégica que actualmente se le da hacen indispensable revalorizar su papel, en particular la relevancia que se les asigna a la actividad y a los recursos naturales. Esta se basa en la visión que se tiene de los territorios nacionales. Infortunadamente, mucho tiempo se ha tomado el país para enterarse de que las nuevas realidades han llevado a plantear la necesidad de concebir el desarrollo rural con un enfoque territorial.

Esta nueva concepción del desarrollo contempla asuntos vitales como la equidad y las particularidades de cada zona; la participación y corresponsabilidad de la población en la determinación del desarrollo rural; la integración de los diferentes sectores en cada zona, y la colaboración interna de cada área rural y entre estas.

Nos gastamos un tiempo precioso para comprender que la política rural no era la expresión de la actividad clasificada como primaria, sino el resultado de la producción típicamente agrícola y actividades relacionadas con las urbanas. Aun habiendo llegado a esta realidad, seguimos discutiendo que todavía no estamos listos a emprender el camino hacia una política verdaderamente rural. Lo que acontece en Carimagua y otras regiones del país son ejemplos de la ‘pereza’ que nos invade a la hora de definir una acción concreta con relación al sector agropecuario.

La innovación como motor del desarrollo de nuevas soluciones, usando los recursos endógenos y la descentralización en la toma de decisiones y competencia, como un elemento en el plano local, son manifestaciones claras que hacen parte básica de la gestión en un sector que no es primario, sino que ya corresponde a una categoría distinta.

Es importante poner en práctica una política agrícola que cree los incentivos necesarios para que la inversión privada obtenga provecho de todas las oportunidades que faciliten el desarrollo de los diferentes proyectos, tal como lo señala Perfetti en su escrito.

Ahora bien, en materia de definición del modelo, ha tomado mucho tiempo e implicado tantas vacilaciones, que demuestra que el asunto del aprovechamiento de oportunidades en el desarrollo de la agricultura colombiana ha sido más complejo para nosotros. Según cifras oficiales, de las 122 millones de hectáreas con vocación para la agricultura solo se usan 55,3 millones, se emplea el 14,1% del potencial agropecuario. No obstante la estrechez de esa cifra, se mantiene la idea de si es conveniente redistribuir el espacio entre ganadería y agricultura, y productos de consumo y materias primas. ¡He aquí parte del drama!

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

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