De nuevo, la polémica impositiva | Opinión | Portafolio
Gabriel Rosas Vega

De nuevo, la polémica impositiva

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
octubre 04 de 2012
2012-10-04 12:55 a.m.
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En el contexto de la discusión del tema impositivo, lugar preferencial ocupa el asunto de los principios y los fines del sistema. ¿Cuál es el fin prioritario de los impuestos?

Es el epicentro del debate. Si el fin de la justicia es primero que el de la estabilidad, o al contrario.

A pesar de la relativa importancia que en los tiempos que corren se brinda a este tipo de controversia, toda ocasión es propicia para volver sobre ellos.

De un lado, porque la subordinación de los principios político-presupuestarios –rela- cionados con el fin de la estabilidad económica– a los político-sociales resulta fundamental para la formulación de la política tributaria, esencialmente por el valor superior que se le da a la cuestión social (por encima del netamente económico) y, de otro, porque es un paso en la dirección de examinar con detenimiento si la imposición puede alterar la distribución primaria de la renta provocada por el sistema económico, disminuyendo las diferencias mediante la progresividad de los impuestos.

Para no abundar demasiado, conviene señalar que en ese punto se localiza la discusión sobre la sostenibilidad fiscal, básica para el ordenamiento económico de la Nación.

En lo que toca al el principio relacionado con la estabilidad y el proceso económico –preferidos por algunos analistas–, dos son los motivos que lo justifican.

Primero, el factor histórico y, segundo, la realidad actual. Las principales controversias despertadas por la imposición acotan su campo en torno a la justicia, y fue este el fin que les abrió paso a los primeros escritos de los principios tributarios.

La preeminencia atribuida a este factor está vigente, y para la muestra un botón.

La reputada Comisión Cárter, sobre el particular, advierte que el fin principal del impuesto es obligar a compartir equitativamente la carga del Estado por los individuos y las familias.

A menos que el reparto de la imposición se acepte como justo, se debilitan y pueden llegar a desplomarse los cimientos y la estructura política de un país. La historia recoge numerosos casos de las severas consecuencias de la imposición (Fuentes Quintana, Madrid).

Me sirvo de la cita para anotar que en materia de política fiscal es indispensable tener claro el alcance y significado de los términos de la proposición que se pretende construir.

Por ejemplo, cuál es la diferencia entre el fin prioritario de la imposición, la justicia y el principio de favorecer el desarrollo, cuyo objetivo fundamental es el mejoramiento de la calidad de vida.

Evidentemente, una cosa es procurar la justicia para efectos de estructurar la política fiscal y algo distinto es utilizar el instrumento impositivo con propósitos de mejorar la distribución del ingreso de la población.

Aunque muchos colegas insisten en que el régimen tributario es un buen instrumento para lograr este objetivo, la realidad es un poco distinta: el impuesto es un medio de la política de desarrollo, pero no él medio de esa política, ni siquiera el más importante.

La política de gasto público tiene una mayor eficacia. Con todo, esta afirmación no significa que la imposición manejada con buen tino no pueda favorecer la mejor distribución del ingreso.

Esto, desde luego, de manera alguna, implica volcar el futuro y las esperanzas de corrección de la pésima distribución en el factor impositivo. No es bueno construir montañas de ilusiones sobre terrenos deleznables.

Gabriel Rosas Vega

rosgo12@hotmail.com

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