Gabriel Rosas Vega

Qué hacer en la Orinoquia

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
octubre 31 de 2012
2012-10-31 11:19 p.m.
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Como quiera que el primer punto de la agenda de conversaciones sobre la paz se refiere al sector agropecuario y, en particular, al papel que debe cumplir la región de la Orinoquia, es indispensable analizar las opciones que pueden poner en juego.

De la lectura de un documento titulado ‘El desarrollo económico de la Orinoquia, como aprendizaje y construcción de instituciones’ se infiere que es indispensable organizar ideas de manera coherente alrededor de un eje central que muestre una visión sobre las posibilidades y perspectivas que ofrece la zona.

Convertir la gestión ambiental en herramienta de construcción de oportunidades, a partir de arreglos que refuercen mutuamente las actividades productivas y la conservación, es un buen punto de partida.

No obstante, para cumplir esa meta es indispensable consolidar en la zona el imperio de la ley, construir instituciones y ampliar ordenadamente el conjunto de posibilidades con prácticas pioneras de gestión productiva.

En cuanto a lo primero, si bien se enuncian los retos más importantes que enfrenta la Orinoquia, como aseguramiento de los derechos de propiedad y reducción de la concentración en la tenencia de la tierra, conviene ir más allá, aclarando los mecanismos a los que se debe acudir para alcanzar los resultados.

Con respecto a la concentración de la propiedad de la tierra, no basta la enunciación teórica, hay que examinar propuestas realistas de restitución de los derechos de propiedad que hagan políticamente factible la convivencia social y económica de la región en el futuro.

Dado que la región no cuenta con una definición de un estilo de desarrollo rural y regional basado en la concertación, es necesario establecer un marco de referencia mediante el cual el proceso de transformación productiva se conciba como una forma de gestión de ecosistemas en proceso de cambio, que evite su transformación total y su tránsito irreversible hacia estados menos deseables por la sociedad.

Es necesario desarrollar y adoptar tecnologías de producción agrícola y pecuaria ambientalmente sostenibles, aplicadas a territorios ordenados, y para cada espacio regional definir límites de transformación para mantener el área dentro del funcionamiento normal y adaptativo de sus ecosistemas naturales.

La nueva visión de lo rural, hay que decirlo, no va de lo atrasado a lo moderno, de lo rural a lo urbano, de lo agrícola a lo industrial. Hay más bien un número de características que muestran la multidireccionalidad del proceso sobre las que existen evidencias. Vale la pena destacar la pérdida relativa del significado económico y social de los ramos primario y secundario, y la evidente tercerización de lo rural.

Ante la carencia de un estilo de desarrollo rural, los objetivos específicos que se planteen deben partir de la base de la asimilación en la región y entre las autoridades, del concepto de lo rural, que no es equivalente a lo agrícola, y, a la vez, con base en la llamada ‘Tercera Revolución Agrícola’, implica que lo agrícola no sea exclusivamente la producción primaria.

Todo lo cual conduce a la ‘desagrarización’ de la actividad productiva, en especial desde el punto de vista de los requerimientos de la población empleada.

De esta forma, el llamado estilo debe definir y volver coherentes las siguientes políticas: 1) la agrícola y pecuaria, 2) de tierras, 3) de asentamientos y ordenamiento territorial, 4 ajuste entre producción y conservación, y 5) de innovación productiva y de servicios ambientales.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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