Gabriel Rosas Vega

Pensar la política macro

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
mayo 08 de 2013
2013-05-08 11:44 p.m.
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En artículo publicado en la Revista de Economía Institucional, de la Universidad Externado –cuya lectura recomiendo–, Olivier Blanchard, consejero del FMI, se refiere a la necesidad de pensar la política macroeconómica teniendo en cuenta que la crisis, por las profundas cicatrices que deja, debería actuar como un recordatorio permanente de la necesidad crítica de una reforma al sistema.

En la historia de la banca, el riesgo se expande hasta agotar los recursos disponibles.

Este es mayor en la banca porque es creado y no un don conferido. Por esto, es posible que ningún volumen de capital de liquidez pueda ser siempre suficiente.

Con esta idea en mente creo que es interesante revisar las implicaciones que para el diseño de las políticas pueden derivarse de la identificación de las políticas existentes.

El hecho más difícil de definir un nuevo marco de acción, es fundamental.

Lo complicado de este proceder es que la crisis ha dejado en claro que la política macroeconómica debe tener muchos objetivos; la buena noticia es que recordó que tenemos muchas herramientas desde la política monetaria exótica, hasta instrumentos reguladores, pasando por instrumentos fiscales. Se necesitará un tiempo y mucha investigación para decidir qué instrumentos asignar a cuáles metas, entre la política fiscal monetaria y financiera.

La crisis mostró que pueden ocurrir y que ocurren grandes choques adversos.

En la actual, provinieron del sector financiero, pero, en el futuro, pueden venir de otra parte: los efectos de una pandemia sobre el turismo y el comercio; los efectos de un ataque terrorista en un gran centro económico. ¿Los diseñadores de políticas deberían, entonces, apuntar a una mayor tasa de inflación en épocas normales para aumentar el espacio de la política monetaria y reaccionar a tales choques?

Lograr una baja inflación mediante la independencia del Banco Central es un logro histórico. Por tanto, para responder la pregunta, hay que revisar con cuidado la lista de costos y beneficios de la inflación.

Es claro que el impuesto inflacionario causa distorsiones, pero también los gravámenes alternativos.

Muchas distorsiones de la inflación provienen de un sistema tributario que no es neutral con relación a la inflación. Estas se pueden corregir permitiendo que la tasa de inflación óptima sea más alta. Si la inflación más alta está asociada a una mayor volatilidad, los bonos indexados pueden proteger a los inversionistas del riesgo de inflación.

Otras distorsiones, con menores tenencias de saldos monetarios reales y mayor dispersión de los precios relativos, son las más difíciles de corregir.

Quizá más importante sea que el riesgo de una tasa de inflación más alta induzca cambios en la estructura de la economía (la indexación general de los salarios) que amplíen los choques de inflación y reduzcan la efectividad de los medios de política.

Pero la pregunta sigue siendo si esos costos son mayores que los beneficios potenciales de evitar el límite de la tasa de interés igual a cero.

Un aspecto importante del artículo es la observación que formula acerca de rediseñar mejores estabilizadores automáticos para atender los nuevos desafíos del proceso.

La crisis confirma los problemas de las medidas fiscales discrecionales, pues llegan demasiado tarde para combatir la recesión. Buenas razones para mejorar los estabilizadores automáticos.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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