Gabriel Rosas Vega

‘Y ahora ¿quién podrá defendernos’?

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
septiembre 08 de 2011
2011-09-08 01:39 a.m.
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No es por molestar, pero la expresión de los protagonistas del programa de televisión mexicano viene al caso para describir la compleja situación que experimenta el mundo.

En efecto, después del llamado-anuncio de advertencia de Lagarde, directora del FMI –en realidad se trata de una notificación–, sobre la entrada de la economía mundial en una segunda recesión, no parece haber duda acerca de la casi inevitable ocurrencia del fenómeno, pocas veces experimentado, pero no del todo desconocido.

Con base en las opiniones del Director del Banco Mundial, quien no vaciló en sostener que el riesgo de un nuevo traspié económico a escala global es una realidad, la Directora del FMI anotó que aún es posible evitarlo; por supuesto, siempre y cuando los gobiernos y los bancos centrales utilicen bien la poca pólvora que les queda.

Es apenas obvio que en medio de la cruda tormenta en que se debate el mundo, la comandante de una de las naves tienda a infundirle cierto optimismo a su tripulación y a la de las demás, pues es mucho lo que está en juego, no sólo para los países avanzados, sino para los emergentes.

Con todo, mirando el panorama en conjunto, no se ve claro cuáles son las posibilidades y, en particular, si son reales o apenas manifestación de buenos deseos.

Además, los márgenes de maniobra no dan esperanzas, porque son demasiado estrechos. Repasemos un poco el asunto.

En lo que toca con la Eurozona hay por lo menos cuatro aspectos sumamente complicados de discernir: 1) el caso de Grecia parece perdido desde el ángulo que se le vea, a pesar de que el más prominente es el político; 2) aunque no de las mismas dimensiones, los casos de Portugal, Irlanda y España transitan por un camino tortuoso que no puede superarse en plazo breve; 3) por ningún lado se ven nuevas fórmulas que le devuelvan la confianza a los mercados y a los agentes económicos, y 4) no es posible creer que Alemania, la mayor economía de Europa, se vaya a echar encima la pesada carga de la recuperación, pues a pesar de estar bastante bien, tiene sus propios problemas, entre ellos el saneamiento fiscal y la debilidad de la demanda.

Ahora bien, en relación con EE. UU. la situación no es menos complicada. Literalmente dicho, el Gobierno no cuenta con instrumentos factibles de aplicar en la emergencia. Las tasas de interés, por ejemplo, están en un límite bajo que impide cualquier movimiento.

Por el lado fiscal, la situación tampoco es sencilla: las limitaciones impuestas por los republicanos al endeudamiento y al manejo del presupuesto le cierran todas las puertas posibles a la más imaginativa de las soluciones. Pero más aún, las cifras sobre empleo y debilidad de la demanda se han convertido en una trampa adicional. Con toda consideración, me parece muy ingenuo el planteamiento de la directora del FMI: “si EE. UU. lanza un programa creíble a mediano plazo, posiblemente podría abandonar las medidas de austeridad de corto plazo e introducir algunas decisiones para impulsar el crecimiento”.

En el papel este es canto de sirenas, pero en la práctica no es factible, porque no tiene herramientas para hacerlo funcionar. Por eso es válida la expresión “¡Oh!, y ahora ¿quién podrá defendernos?”.

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