Gabriel Rosas Vega

Reforma tributaria y manejo político

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
diciembre 20 de 2012
2012-12-20 12:05 a.m.
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Al escribir esta nota, no era claro si la reforma tributaria había sido aprobada o no, así que puede estar viciada por falta de sintonía entre estas reflexiones y lo ocurrido. Aún con ese riesgo, vale la pena correrlo.

Pasando a la sustancia, empiezo por anotar que se equivocan de medio a medio quienes piensan que cualquier cambio a la legislación tributaria es un problema técnico y no un asunto político.

Aunque se le vista con ropaje técnico –a veces le ajusta bien, pues en parte puede tener factores de este tipo–, la verdad es que, analizada en conjunto, responde a una decisión política, que reclama un manejo intenso y especial.

Digo esto con conocimiento de causa.

En efecto, en los ya lejanos tiempos en que me desempeñé como congresista, elegido con los votos de Luis Carlos Galán, tuve la fortuna de haber sido ponente de la norma que abrió el espacio necesario para incorporar a la legislación el tributo más discutido, pero necesario para la estructura fiscal.

La Ley 9 de 1983 y el IVA son los puntos de referencia más concretos del caso.

La ley facultó al Gobierno para estructurar el impuesto con base en los elementos aportados en los debates, quedando así completo el paquete.

En aquel entonces no existía el coordinador de ponentes, ni el ejército de integrantes de una comisión que pretenden sea la olla en la que se cocinan las cosas, de tal manera que resulte más expedito el trámite de la iniciativa.

Tampoco aparecían en el escenario las cuestionables comisiones de conciliación.

El ponente en cada Cámara era uno solo y a él correspondía encarar todo el proceso. Por ello, era importante que la ponencia fuera elaborada por el responsable designado por el Presidente de la Comisión.

Dicho de manera más sencilla y precisa: los textos no eran escritos por los ministros y sus equipos, sino por los ponentes, lo cual no quería decir, por supuesto, que no hubiera consultas con los funcionarios para discutir asuntos cruciales.

Recuerdo bien las largas jornadas que nos tomó examinar a profundidad la conversión del impuesto sobre las ventas en verdadero tributo al valor agregado.

Además del ministro de Hacienda, Édgar Gutiérrez Castro -reconocido técnico y hábil político-, competentes congresistas conocedores como los que más de los intríngulis tributarios y políticos de categoría, como Hernando Agudelo, Jorge Valencia, Rodrigo Marín, Víctor Renán Barco, entre otros, participaron en los análisis, cumpliéndose la tarea, eso sí, siempre bajo mi responsabilidad. A propósito de esto, los debates, como parte del proceso, eran responsabilidad del ponente.

Tener como antagonistas a César Gaviria y a una señora que me injurió cuanto quiso y prometió sacarme del universo, junto con mis compañeros de colectividad –la señora era María Izquierdo de Rodríguez–, exigía tener buena preparación y cierta dosis de dialéctica antipopulista.

Gracias a la combinación de técnica y política fue posible sacar adelante el proyecto.

Sin duda, el procedimiento no era distinto al que se utiliza ahora. Quizás, la única diferencia es el clientelismo desbocado que media en la gestión y la numerosa participación de paracaidistas y oportunistas, siempre presentes.

Al concluir el 2012, les deseo a todos una Feliz Navidad y un 2013 pleno de prosperidad.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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