Gabriel Vallejo Lopez
columnista

Experiencia memorable de servicio

La esencia no está solo en los detalles. Se encuentra en el talento humano.

Gabriel Vallejo Lopez
POR:
Gabriel Vallejo Lopez
mayo 03 de 2018
2018-05-03 09:03 p.m.
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No acostumbro involucrar temas personales en artículos ni conferencias, salvo uno que otro ejemplo que me permita ilustrar con mayor claridad algún punto de vista. Lo que acabo de vivir, me obliga, literalmente, a romper esa norma.

Desde pequeño he sido deportista. Hace varios años dedico al atletismo un tiempo importante de mis rutinas semanales, como una forma complementaria de vida; más que un ejercicio físico para competir, es una disciplina de encuentro personal, superación, salud, bienestar. Una filosofía. Y descubrí que el escenario ideal son las maratones. La más reciente, en Milán, Italia. Siempre realizo las inscripciones para cada carrera internacional, reservas de vuelos y hotel, con un año de anticipación.

Al momento de hacer la reserva en el hotel, la persona al otro lado de la línea me preguntó: “¿cuál es el motivo central de su visita?”. Le dije, participar en la Gran Maratón, y le expliqué lo que para mi proyecto de vida significaba viajar miles de kilómetros desde Bogotá para lograr mi objetivo en dicha competencia, terminar feliz y satisfecho luego de unos largos entrenamientos. Doce meses después llego al hotel y ¡oh sorpresa!, tarjetas con mi nombre impreso. Me explican que tienen la dirección y el teléfono del lugar por si eventualmente pensaba tener alguna reunión por fuera. Detalle que me impresionó.

La noche previa a la competencia –más de 20 mil atletas– solicito, durante la cena, dos bananos –fruta que consumo diariamente antes de los entrenamientos o carreras–, como desayuno para el día siguiente. A los diez minutos, la ansiedad de la carrera, le pregunto al mesero por el encargo y la respuesta fue: “Señor Vallejo los bananos están en su habitación”. Al llegar a la habitación encuentro los dos bananos frescos como si los hubiesen acabado de coger, y justo al lado, de puño y letra del mesero, con su firma, una nota que decía: “mucha suerte en su maratón”. La sorpresa no paró ahí. Sobre la almohada, una gorra, con mi nombre y el de la maratón, con otra nota, en esa oportunidad del gerente. Textualmente decía: “¡Toda nuestra energía!”.

Feliz, por haber terminado la maratón en el tiempo estipulado y agotado físicamente, llego a la puerta del hotel, pensé que me había equivocado: me esperaban con un estruendoso aplauso, las recepcionistas y el personal. Y en la habitación, una cartelera enorme, con el tiempo de carrera que registré oficialmente y las firmas de los funcionarios del hotel con una hermosa nota de felicitación.

El día de salida del hotel, durante el desayuno, la administradora del restaurante se acercó a la mesa donde estaba con mi esposa para despedirnos. Le pregunté, ¿es usted feliz acá? Fue categórica: “En nuestro hotel todos trabajamos felices, nos tratan muy bien y tenemos planes y proyectos de carrera para crecer, personal y profesionalmente”. Y a renglón seguido agregó: “¿Sabe qué es lo que realmente nos hace felices?, ver la sonrisa de huéspedes como ustedes cuando les podemos servir, y si además de eso nos pagan, y nos pagan bien, imagínese ¡cómo no iríamos a serlo!”.

La esencia no está solo en los detalles. Se encuentra en el talento humano. Hombres y mujeres que forman la empresa. Y es menos difícil de lo que muchos creen.

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