Germán Eduardo Vargas

Juego limpio financiero

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
enero 10 de 2014
2014-01-10 01:15 a.m.
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Distorsionando el espíritu olímpico, de bienestar y sana competencia, las pasiones financieras contaminaron los deportes, una impronta que deja lecciones empresariales, de clase mundial.

Obsesionadas con alcanzar el éxito a cualquier precio, las ligas deportivas más reconocidas arrastraron a esa industria hacia su desgracia: hacerse tan terrenal y vulnerable como la financiera.

De hecho, aunque la Uefa (organización europea de la Fifa) ha promovido una política de fair-play financiero aplicada al fútbol, estableciendo reglas de Perogrullo como el equilibrio de gastos, persiste la sospecha en diferentes transacciones, en las que se ignoran sus disposiciones y se presume complicidad.

Entre los males que condenaron a este popular deporte figura la desregulación del mercado de transferencias de jugadores, mediante la Resolución Bosman, que incentivó la especulación y desencadenó una insostenible escalada salarial, inflada por la valoración de activos (tóxicos, aunque los denominen galácticos), auspiciada por los exóticos petrodólares que indujeron ventajas tan artificiales como inconvenientes.

Como efecto de esta desigualdad de condiciones, sin dilaciones, se erosionó el sentido de la competencia, con resultados cada vez más previsibles por la concentración de títulos y privilegios, mientras se desvanecía la ‘clase media’ y otros equipos menores se resignaban a la bancarrota.

Los problemas que contagiaron al sistema financiero defraudaron la cultura del deporte, recordándonos que en ausencia de controles la transparencia y prudencia perdieron el juego contra la permisividad: trágico diagnóstico que se replica, no por casualidad, considerando que la bundesliga (alemana) es la más saludable, en términos de viabilidad y competitividad.

Esta realidad cambiante descubrió ineficiencias en gestión, reflejadas por la escasa diversificación de ingresos y optimización de inversiones, pues tras la recesión de la Eurozona desertaron muchas fuentes tradicionales de patrocinio, cayeron los recaudos por asistencia y los clubes renunciaron al desarrollo de divisiones inferiores, que permiten reducir costos de enganche y fidelización de talentos.

Aunque el deporte olvidó su esencia, seducido por el mercado y el espectáculo, existe un oasis de lecciones gerenciales en la liga de fútbol americano (NFL), cuyo modelo de negocio, ‘social-demócrata’, adoptó un enfoque que -paradójicamente, y guardadas las proporciones- supera varias fallas del capitalismo neoliberal.

Entre sus atributos destaca que 90% de los equipos han ganado el campeonato, impulsados por medidas que dinamizaron su competitividad, como: 1. La distribución equitativa, para los equipos, de un porcentaje de las utilidades obtenidas por la liga. 2.

Un límite salarial, como proporción de los ingresos, que puede transarse con una ‘prima’ que se reparte entre los equipos que respetan dicha directriz. 3. La promoción de jugadores desde las ligas universitarias, mediante un mecanismo de subasta con presupuesto fijo, donde los equipos más débiles tienen alguna prioridad para fortalecer la paridad del campeonato.

Esta profesionalización mejora la calidad de vida de los jugadores, pero la persistente distancia en la asignación de beneficios entre propietarios y jugadores, sigue obstaculizando los pactos laborales.

Germán E. Vargas G.

Instituto Empresa, Madrid España

igorgaloanza@hotmail.com

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