Germán Eduardo Vargas

Su Santidad, ¿indignado?

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
julio 24 de 2013
2013-07-24 02:01 a.m.
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Pensando en la resistencia de la recesión, como el cambio no se forja con un like en Facebook, la ambigua traducción de much ado about nothing me permite explicar la paradoja de lo que entiende el establecimiento (mucho ruido por nada) y lo que interpretan los indignados (mucho ruido y pocas nueces).

Persiguiendo un ideal de riqueza –con la promesa del dinero fácil que, aunque se manifiesta en diferentes formas, siempre defrauda– los alquimistas modernos, empeñados en descubrir el ‘derivado’ filosofal, cayeron en la tentación de la Gran Manzana, cuyos excesos arruinaron los valores (bursátiles) y el bienestar.

Apelando al Elogio de la dificultad, de Estanislao Zuleta, podemos inferir que nuestra tragedia no es la frustración de no obtener lo que nos proponemos: nuestro pecado es no saber desear.

Perdedores de este juego, creado a semejanza de los banqueros, y prisioneros de sus asimetrías y restricciones, el desempleo estructural ignoró fronteras, desvaneció la clase media y exilió en el limbo a mayorías sometidas a un ayuno que, indefinido, ha alimentado una crisis de esperanza.

Sin tener que expiar, desafiando al colapso, el establecimiento continúa apostando por su consolidación, desconociendo estos problemas y sobreponiendo sus deseos a nuestras necesidades. Así, sin distinción de tipo de gobierno, abundan ejemplos de cómo intentan aparentar una mejor calidad de vida, pagando el precio del entretenimiento, porque puede faltar el pan, pero no el circo.

Este cinismo fue el reactor que catalizó la insatisfacción e impaciencia que dieron origen a una generación espontánea de indignados (Personajes, Time, 2011) que representan una renovada conciencia y voluntad para participar en el diseño de opciones que hagan efectiva la expresión de oportunidad, libertad y dignidad.

No obstante, a que la integración de los diversos segmentos indignados movilizaría la masa crítica de nuestra sociedad, por efecto cardumen, la restauración de ese paraíso perdido –que quizá nunca ha existido– permanece congelada tras las distintas estaciones primaverales que han logrado victorias fugaces, marchitadas por su dispersión e intermitencia, incluso por acudir al vandalismo o desperdiciar tomates.

Como sea, la información y el conocimiento empoderan nuestra epopeya para descifrar y deconstruir la absurda Máquina de Goldberg que ha sustentado esta distopía, mediante pseudociencias que combinan el paradigma ‘l-ego’ en la mítica ingeniería financiera, la relajación (cuantitativa) y la sicología de esos grados de inversión que califican cómo nos perciben los inversionistas: una sofisticada forma de matoneo.

Incluso, la versión financiera del scrabble, cuya composición de acrónimos inspira este descriptivo pronóstico: murallas (Bricks), neblina (Mist), mamíferos salvajes y domesticados (Civets y Piigs), energía (Carbs) y liquidez (Cassh) como límites del crecimiento: una ecuación en la que no figura el desarrollo sostenible.

Por ahora, la víspera del mundial o la indignación del pais mais grande do mundo contagiarán a Colombia, uno de los más felices, según HPIndex, mientras contrastan la intención de cambio tras el liderazgo transformador del papa Francisco, mi personaje del año, y los estragos de la apatía e influencia de Bernanke, personaje Time en el 2009.

Germán Eduardo Vargas Guerrero

Catedrático german.vargas@uniandes.edu.co

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