Ver a Bogotá pasar y pasar… | Opinión | Portafolio
Germán Eduardo Vargas

Ver a Bogotá pasar y pasar…

Germán Eduardo Vargas
POR:
Germán Eduardo Vargas
marzo 21 de 2014
2014-03-21 01:22 a.m.
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Hace mucho no transitaba y contemplaba mi ciudad. Confieso, con nostalgia, recordé una canción de Piero y pensé: qué lindo es sentarse en la puerta de un Transmilenio y ver a Bogotá pasar y pasar…

A mi regreso de este viaje hacia el pasado encontré que los recientes gobiernos pasaron uno tras otro sin solución. De hecho, creció la confusión en materia de movilización, pues continúa la guerra por el centavo y el sistema integrado no consolida masa crítica; incentivaron la desmovilización (por ejemplo, dejar el celular para evitar ‘chuzadas’) y la inmovilización, porque la infraestructura está abandonada o retrasada, y trastornaron el pico-placa.

Ahora que las ruinas de nuestra Atenas asemejan una decadente Roma, parece que el todo es menos que las partes y necesitamos entender la teoría del caos para hacer algo. Pero, como percibo que los bogotanos estamos hipnotizados por la abstracción, estacionados en la iniciativa y condenados por la falta de ‘acabativa’ de esos gobiernos, quiero aportar una reflexión y una invitación.

Como supongo que usted no es parte del problema, empiezo por dirigirme a esos nativos y emigrantes que viven el sueño capital, y habitan una tierra prometida que pocos cuidan como propia: pasajeros descarados y colados, taxistas que manipulan tarifas, motociclistas imprudentes y transeúntes que arrojan basuras.

¡Qué pecado con mi capital! Una imitación de la ‘Mesa de los pecados capitales’ de Bosch, deshecha con trucos legales y malas costumbres; una sátira moral, de realismo y cinismo ingenuo, humanizada por los pecados: avaricia por los contratos y gula por sus ‘tajadas’; soberbia que diluye la representatividad, efectividad y sostenibilidad institucional; lujuria por el poder, y envidia que ruega mal desempeño al prójimo; pereza de planear y actuar con diligencia, ira para maquillar el fracaso.

Muchas ineficiencias producto de carencias o abusos en las virtudes de gobernantes y ciudadanos. Por ejemplo, la fortaleza, para superar las dificultades oscila entre la apatía (statu-quo) o el desafío a las normas. La prudencia cae en la tentación o la congelación (por incomunicación o inacción). Y justicia, para distinguir lo correcto y resolver con moderación, dura con los problemas y suave con las personas.

Creo que los pecadores públicos no escaparán a sus postrimerías, como lo fueron las revocatorias amparadas en el poder del pueblo, y las que Dios y la Patria apliquen hacia aquellos inquisidores que ostentan ser sujetos de canonización.

Porque entre traiciones y tradiciones políticas, cualquiera puede ser abogado del diablo, las cosas que pasan pueden seguir igual. Entonces, lo invito a que dejemos de buscar culpables y quejarnos; asumamos nuestra cuota de responsabilidad, esa que no depende de terceros, porque la transigencia en nuestra indignación continuará perpetuando y justificando la regresiva cadena de errores que ha llevado a Bogotá ‘años luz, más lejos de las estrellas’.

Y seamos parte de la solución, restaurando, ejerciendo y promoviendo esa cultura ciudadana que nos enorgulleció: depende de mí (y de ti), que no sigamos siglo tras siglo sin solución, viendo a Bogotá pasar y pasar…

Germán E. Vargas G.

Catedrático

gevargas@gmail.com

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