Germán Umaña Mendoza

El poder absoluto corrompe absolutamente

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
octubre 31 de 2013
2013-10-31 12:10 a.m.
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Cuando un solo individuo tiene tanto poder que crea desequilibrios en la democracia, y cuando esa misma persona confunde sus creencias personales y religiosas hasta el punto de convertirse en un fanático, cuando ejerce amañando la ley a sus intereses y cuando los que lo vigilan se encuentran cooptados por él, el personaje se convierte en un inquisidor, un iluminado y en alguien que poco o nada respeta las leyes o las instituciones humanas, pues está ungido por Dios.

Se niega la posibilidad del aborto, reglamentada por la Ley ante situaciones excepcionales y casos claramente determinados.

Judicializa y persigue las uniones matrimoniales legalizadas por jueces o notarios, entre personas del mismo sexo. En los dos casos, porque atentan contra sus creencias y su religión.

No importa que la ley diga lo contrario.

Destituye y condena a la muerte política a funcionarios elegidos en democracia y se abroga todos los poderes. Para él, aquellos que no siguen sus encíclicas son culpables, aunque se demuestre lo contrario.

Condena sin ningún juicio a sus opositores políticos y absuelve sin argumentos a los que son afines a él. La verdad, como dice el reinsertado de la propaganda, “da miedo, mucho miedo”.

Sin embargo, ante toda la evidencia de una autoridad ejercida de forma malsana y sesgada, las cortes y autoridades encargadas de investigarlo se hacen los de la vista gorda. La justicia cada día pierde credibilidad, por sus acciones, omisiones y escándalos de corrupción. Y, si la sal se corrompe...

Los ciudadanos resienten el desamparo. Los manejan con pasiones y no entienden la democracia.

No pasa nada con los errores de los diferentes gobiernos nacionales y el verdadero deterioro de las finanzas del Estado, por ejemplo, con la mal denominada Ruta del Sol’ y, en general, con todo el ‘carrusel’ de la contratación en los millonarios negocios con la infraestructura.

Poco pasa con la violación de los derechos humanos o el derecho internacional humanitario, o los mal llamados ‘falsos positivos’. Literalmente, se derrumba la principal universidad del país y nadie dice nada.

Ahora, parece que la destitución de Petro es inminente.

Por más esfuerzos que se hace para interpretar los cargos de los que se le acusa, no se observa nada distinto a un sesgo ideológico de los que consideran que los bienes públicos deben ser privatizados y, más grave aún, oligopolizados.

Son los defensores de los carteles y los que abusan de las posiciones dominantes de mercado.

En contraposición, la propuesta de devolver a actores múltiples, entre ellas, las entidades del Estado, la defensa de lo público. Ese es el verdadero trasfondo.

¿Quién dice que un procurador puede resolver ese conflicto por encima de la democracia? Nadie en su sano juicio. ¿Estaremos todos dementes? ¿Será que el dios de los Lefebvrianos decidió intervenir para crear una nueva historia a favor del extremismo de la derecha iluminada?

Germán Umaña M.

Decano de Economía, U. Central

germanumana201@hotmail.com

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