Germán Umaña Mendoza

Tanta altisonancia

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
octubre 17 de 2013
2013-10-17 03:26 a.m.
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Se encuentra a punto de aplazarse o colapsar el proceso de paz. El proceso electoral, la reelección, las votaciones del Congreso, de las revocatorias, el censo agropecuario o las encuestas nos hacen apartarnos nuevamente de la negociación del único proceso que debería importar a la sociedad colombiana. No se engañen: sin paz el futuro seguirá siendo gris, tirando a negro.

Estoy harto de las bravuconadas del Ministro de la guerra, que no de Defensa, que parece militar pero no ha sido miembro de las Fuerzas Armadas; parece ser que sus grados los heredó de sus familiares.

Rechazo también el discurso desesperado de los altos mandos de las Farc, que se niegan a aceptar que el mundo cambió. Siguen muriendo sus militantes en la selva, se han desmantelado sus estructuras, el apoyo de la población es mínimo. Siente uno que su grandeza y su discurso rimbombante llegan solamente hasta el límite en el que se afectan sus intereses personales.

Me parece increíble que el país continúe escuchando las barbaridades del señor Uribe y sus huestes: unos desde la cárcel, otros desde el exilio, algunos inhabilitados para hacer política, exministros a punto de ser condenados, paramilitares confesos denunciando sus nexos con los políticos regionales de todas las corrientes, pero, especialmente, con los del Centro Democrático y con el más ingenuo: el pueblo que vive satisfecho con que los ricos por fin pudieron volver a sus fincas, custodiados por unas Fuerzas Armadas que representan, por metro cuadrado, la mayor densidad de hombres en el mundo.

No comparto el discurso altisonante del presidente Santos, quien en los clubes sociales le repite al país que en el caso de que se rompa el proceso de paz no habremos perdido nada, porque no se hicieron despejes. Solamente se perderán, por muchos años, la esperanza y la ilusión. Defínase: quiere la paz o la reelección.

No creo que sea un buen camino aplazar las conversaciones. Lo único que no se puede ni se debe negociar es la verdad. El perdón de los dolientes de las víctimas es personal. Yo no perdono, pero ¿a quién le importa? La justicia y reparación tienen sus límites en la legislación internacional. Sin embargo, es posible que los bárbaros de todas las corrientes sufran como único castigo una sanción moral, y que los militares que hayan cometido delitos de lesa humanidad terminen siendo condenados como ‘héroes de la patria’.

Parecería que siempre habrá una disculpa para no continuar con las conversaciones, para negociar definitivamente el proceso de reconciliación. Nos interesan tantas nimiedades. Algún día nuestros hijos nos juzgarán: por mendaces, ingenuos, mediocres. Por haber aceptado la mentira y violencia como norma.

Por ahora, continuaremos siendo prisioneros, con nuestro aval, de los intereses de unos pocos que, además, son realmente antisociales.

Germán Umaña Mendoza

Decano de Economía, Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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