“Soy el amo de mi destino...” | Opinión | Portafolio
Germán Umaña Mendoza

“Soy el amo de mi destino...”

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
julio 18 de 2013
2013-07-18 02:01 a.m.
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No se puede ser tan ingenuo y pensar que lo que está ocurriendo en Colombia es simplemente un proceso en el que se silencian las armas y todo lo demás continúa igual. Voluntad de paz es voluntad de cambiar, y eso implica costos para todos.

El balance social e histórico de nuestro país es profundamente deficitario. Los actores de la guerra tienen todo que perder en este proceso, por eso se oponen con determinación.

Aquellos que dispusieron de las selvas y los baldíos a su arbitrio, tienen mucho que perder. Los que explotaron los páramos y nos dejan sin agua, tienen mucho que perder. El narcotráfico y sus redes de asesinos, tienen mucho que perder. Los que desplazaron más de 4 millones de colombianos, tienen muchos que perder.

Las multinacionales de las armas, tienen mucho que perder. Los traficantes de la salud, tienen mucho que perder. La ‘parapolítica’ y los corruptos de las regiones, tienen mucho que perder. Aquellos sectores de la subversión armada que fueron infiltrados por el narcotráfico, tienen mucho que perder.

Parecen muchos, pero en la realidad son pocos. Sin embargo, tienen arrodillada a la sociedad colombiana. Detrás de cada discurso de guerra hay un conjunto de intereses de aquellos que sueñan con la barbarie para continuar pescando en río revuelto.

Creo que existe la voluntad de paz en los negociadores de la Habana. Infortunadamente, muchos de ellos son rehenes de su propio pasado. Las Farc parecerían no tener sentido ni del tiempo ni de la historia, no han entendido que nadie quiere discursos ideológicos y de justicia social, con un fusil apuntando a su cabeza.

El Gobierno no entiende que en la Colombia profunda de los indígenas, de las zonas campesinas, de los recursos naturales, del ecosistema, de los abandonados por el establecimiento y de sus protestas, se encuentra la raíz del conflicto.

En Suráfrica todo parecía perdido, hasta que el gran Mandela le hizo ver a su pueblo que era necesario escalar cada vez una montaña, aunque al llegar a la cima y otear en el horizonte se divisaran las nuevas montañas, siempre más altas. Para hacer la paz hay que acabar la guerra, silenciar las armas.

La gran prueba es ahora. Los retos vienen como resultado de la firma de un acuerdo, para construir una sociedad basada en el respeto de los derechos humanos, en una democracia real y en la mejora de las condiciones de la distribución de la riqueza.

Los que somos más tenemos miedo, pero también esperanza. Los que son menos, sufren de paranoia y de terror, ellos son los verdaderos perdedores. Mandela no está muerto en vida, ni mal embalsamado, es el sino del futuro. Con él, por siempre: “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

Germán Umaña M.

Decano de la Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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