Germán Umaña Mendoza

Perú: volver al pasado

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
junio 08 de 2016
2016-06-08 10:16 p.m.
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Tuve el privilegio de vivir en el Perú durante entre 1988 y 1992. Los dos últimos años del gobierno del presidente Alan García, y los dos primeros del presidente Alberto Fujimori. Mi llegada se marcó por la confusión: fui recibido por un amigo venezolano, funcionario de la Junta del Acuerdo de Cartagena, institución en la que trabajaría los siguientes cuatro años.

En las principales calles había multitudes enteras de personas con calculadoras en mano, y llegué a pensar en un comercio informal. Eran los ‘cambistas’ de dólares, que con la devaluación intensa que se vivía, casi que, minuto a minuto, convirtieron ese trabajo en su forma de vida. Por supuesto, los bienes y servicios se negociaban en la moneda local y cambiaban también sus precios varias veces al día. Entendí, en la práctica, en qué consistía la hiperinflación.

Era la ‘fiesta’ de los especuladores. Las mercancías aparecían o desaparecían como por encanto de los estantes de los supermercados, pero todo se conseguía en el comercio informal y con los ‘bachaqueros’ peruanos. Cuando salíamos del Perú en misión de la CAN, traíamos en nuestros equipajes papel higiénico, medicamentos, productos de aseo y, en general, de primera necesidad, de difícil consecución y alto precio.

La inversión extranjera emigró, la banca fue expropiada y no se honraron los compromisos internacionales de endeudamiento sino en un porcentaje, lo que impedía el acceso a recursos externos. El desempleo crecía, los empleados públicos dejaban a su llegada sus sacos en el respaldo de su asiento y se iban a manejar ‘taxi’ para sobrevivir.

Sendero Luminoso y el MRTA, literalmente minaron a Lima, y a cada rato, estallaban bombas de alto poder, sembrando muerte y destrucción. Los apagones por la voladura de torres eran permanentes, y se disparó el consumo de plantas eléctricas y vidrio flotado.

Así fue la vida durante los cuatro años que viví en Lima, en un aprendizaje apasionante, intenso y permanente. Sin embargo, el 5 de abril de 1992, Fujimori cerró el Congreso peruano y comenzó a gobernar a sangre y fuego, con el apoyo de su servicio secreto (liderado por Montesinos), los militares y, por qué no decirlo, de la mayoría de la población que lo veneró.

Casi nadie quiso darse cuenta de los desmanes, la corrupción y la terrible violación de los derechos humanos y las libertades colectivas e individuales. Era el pacificador, y Perú lo vio como su salvador (hoy tienen los ojos bien abiertos). A lo anterior se sumó el más duro programa de ajuste estructural para controlar la hiperinflación, y los ministros de Economía han conservado desde entonces la ortodoxia.

Lo curioso es que hoy Perú quiere volver a ese triste pasado, y el dilema es si regresar al ‘fujimorismo’ con Keiko, o al más duro neoliberalismo y seguridad jurídica cuasi absoluta a la inversión extranjera con PPK (él mismo era inversionista extranjero hasta hace poco, cuando renunció a la doble nacionalidad estadounidense). Y a veces no sabe uno si será peor el remedio o la enfermedad.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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