Germán Umaña Mendoza

No nos dejan

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
septiembre 26 de 2013
2013-09-26 04:26 a.m.
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Muchos consideramos que la libre circulación de los factores contribuiría al crecimiento económico en el mundo y al desarrollo sostenible. Sin embargo, los ‘autodenominados’ librecambistas del establecimiento hacen todo lo posible porque esto no ocurra.

Basta con ver la información de la prensa económica de las últimas semanas para descubrir, no solamente el desequilibrio en la información, sino la multitud de falacias que se mueven en la defensa del libre cambio.

En Colombia, desde el Gobierno Gaviria se profundizó en una apertura económica unilateral y hacia adentro, que poco o nada contribuyó al fortalecimiento de los sectores productivos, y que hoy nos muestra como resultado una crisis en la agricultura, la industria y los servicios. Lo claro en los mal denominados ‘tratados de libre comercio’ es que hacen irreversible este proceso e impiden el ejercicio de políticas públicas comerciales que equilibren la estrategia que conduzca al desarrollo.

En incorporación de ciencia, tecnología, transferencia e innovación, la OMC y el convenio Adpic sobre propiedad intelectual, nos alejó de la libre circulación del progreso técnico, estableciendo plazos absurdos para proteger a multinacionales (por ejemplo: agroquímicas y farmacéuticas) en materia de patentes y derechos de autor, entre otros.

Los tratados de libre comercio con los países desarrollados, y notablemente el suscrito con Estados Unidos, fortalecen no solo los plazos de monopolio, con las lógicas consecuencias en lo pertinente al abuso de posición dominante de mercado y de los precios, sino que no establecen normas para el control de prácticas anticompetitivas y, por otra parte, endurecen las normas jurídicas en favor de los monopolios.

En inversión, la relación entre mayor seguridad jurídica y libre circulación del capital genera crecimiento mundial, pero no distribución de sus beneficios. El esquema se convierte en perverso en el caso de los commodities: las multinacionales se quedan con todos los beneficios y los países que las reciben, literalmente con el hueco.

En bienes y servicios, especialmente los agropecuarios, se profundiza en la apertura interna, en un sector plagado de protecciones, subsidios, normas paraarancelarias en los países con los que negociamos. Los desarrollados saben que es un sector de seguridad nacional, alimentaria y de estabilidad social. Nosotros, no solo abandonamos el criterio de la ‘soberanía alimentaria’, sino los mecanismos de protección contra la competencia desleal.

La ausencia de las políticas públicas para responder a las carencias en el desarrollo es ‘endémica’ desde la apertura. Lo imperdonable de las nuevas negociaciones consiste en que por cesiones de soberanía se impide su ejercicio. Son compromisos que atentan contra la democracia económica y el equilibrio entre los derechos fundamentales. Hay ‘cuasi-absoluta’ seguridad jurídica para los inversionistas extranjeros y límites de todo tipo, incluidos los fiscales, para el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales en nuestro país.

El problema: los librecambistas colombianos no nos dejan internacionalizar la economía.

Germán Umaña M.

Decano de la Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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