Germán Umaña Mendoza
columnista

Dejemos la paz a los jóvenes

Aceptemos que el pasado que contribuimos a construir, por acción u omisión, no fue el adecuado y ya es hora de que hagamos un ‘mutis por el foro’.

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
septiembre 14 de 2016
2016-09-14 08:42 p.m.
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Yo también nací en los años cincuenta. Como tantos ‘viejitos’ de mi generación, me niego a retirarme y dar paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, por lo menos lo estoy pensando, y dedicarme al ejercicio de escribir mis memorias. Es la única licencia que me voy a permitir para aburrir a las nuevas generaciones. Lo bueno es que nadie las va a leer.

Y, es que a quién le importa que cuando nacimos estábamos en plena época de la “violencia en Colombia”, descrita, en el libro pionero del análisis sociológico de ese engendro, por un cura (Germán Guzmán), un protestante y humanista (Orlando Fals Borda) y un abogado libre pensador y agnóstico (Eduardo Umaña Luna), con trescientos mil muertos, cortes de franela, de corbata y tantas otras atrocidades.

En ese entonces, nos matábamos por un trapo rojo o uno azul en los campos y en las ciudades, dirigidos por las oligarquías conservadoras y liberales.

Eran las épocas de los “guerrilleros del Llano” (Guadalupe Salcedo, el mono Franco, los Colmenares, de Sangre negra, el capitán veneno, los pájaros y los Chulavitas). Se inició con el asesinato del ‘negro’ Gaitán, como lo conocían las aristocracias bogotanas, y llegó a su fin con el indulto de Rojas Pinilla y muchos asesinatos más, como la del líder de la guerrilla Guadalupe Salcedo.

Después de eso, nuevamente la violencia. Esta vez producto de la Guerra Fría, movimientos guerrilleros ideológica y, efectivamente, apoyados por la Unión Soviética (Farc), la revolución cubana (Eln), la revolución china (Epl, Mao, Pla, entre otros, convencidos de la toma del poder y el cambio de estructuras por la vía armada.

Más tarde, como si fuese poco, el narcotráfico, el nacimiento de movimientos de autodefensa en zonas de conflicto, el paramilitarismo, la ‘parapolítica’, los delitos de lesa humanidad entre otros. Una guerra fratricida inacabable, donde las principales víctimas fueron de la población civil, desarmada e indefensa, desplazada y masacrada.

Adicionalmente, el asesinato selectivo de hombres y mujeres que luchaban por los derechos humanos, intelectuales, pensadores y políticos que soñaban con el fin del conflicto o, al menos, con la humanización de la guerra. Nadie ganó, todos perdimos. Es la historia de un país de muertos inútiles, incentivada por intereses oscuros desde todas las esferas de la sociedad y los promotores de la paz de los sepulcros.

Ahora, se llega a un acuerdo de paz con el grupo más poderoso de la insurgencia. Es el inicio del fin de la violencia, basada en un combate eterno y sin esperanza para nadie, y, aun así, pretenden decirnos que los buenos pidamos más guerra y más muerte. Que cantidad de ‘viejos’, que nunca conocimos la paz, negando la ilusión de un país distinto a las nuevas generaciones.

Dejemos la paz a los jóvenes. Ellos quieren y tienen un futuro mejor. Aceptemos que el pasado que contribuimos a construir, por acción u omisión, no fue el adecuado y ya es hora de que hagamos un ‘mutis por el foro’.

​Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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