Germán Umaña Mendoza
columnista

El comercio y el desarrollo sostenible

Cuando se habla de desarrollo y sostenibilidad, se piensa en crecimiento de los sectores productivos sin afectaciones del medioambiente.

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
agosto 17 de 2016
2016-08-17 11:23 p.m.
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Cuando se habla de desarrollo y sostenibilidad, se piensa simultáneamente en crecimiento de los sectores productivos de bienes y servicios sin afectaciones del medioambiente, asegurando que los beneficios que se obtengan sean suficientes en el mediano y largo plazo para cubrir los costos de mantenerse en el negocio y generar mayor Bien-Estar en la población, ingresos, calificación en el empleo, a partir de una mayor educación, así como incorporación permanente de progreso técnico e innovación tecnológica y productiva.

Cuando nos referimos a integración económica y social, creemos que sus resultados deberán generar no solo crecimiento, sino una distribución equitativa y equilibrada de los beneficios del mayor producto obtenido entre los países que participan en esos procesos. El comercio formal es una condición necesaria para promover el desarrollo y la sostenibilidad, puesto que contribuye a eliminar distorsiones derivadas del contrabando de prácticas desleales o anticompetitivas, y se rige por un marco regulatorio diseñado de manera conjunta, con reglas claras y estables, que permiten fortalecer las relaciones económicas y comerciales.

Colombia y Venezuela han retomado los pasos para lograr una mayor transparencia en nuestras relaciones como naciones soberanas, y nuestros gobiernos han dado pasos inmensos en los acuerdos para hacer viable la apertura fronteriza, especialmente en el control de las prácticas delictivas: contrabando, lavado de activos, lucha conjunta contra el narcotráfico, normalización migratoria y paso de fronteras. Pero nada de esto sería suficiente si no se plantean y ejecutan programas conjuntos de desarrollo de las capacidades productivas en esas zonas; y, de otra parte, se promueve el comercio y la inversión entre los países, los cuales tienen una inmensa potencialidad de complementariedad.

Los empresarios y las empresas públicas y privadas así lo entienden. Para Venezuela, las exportaciones de gasolina y gas hacia Colombia y, específicamente en las zonas fronterizas, así como su inmensa capacidad productiva en la petroquímica, siderurgia o aluminio, todos bienes intermedios esenciales para la industria colombiana, son evidentes ventajas competitivas.

Por otra parte, nuestro país puede ofrecer insumos y bienes intermedios a las empresas venezolanas del sector automotor y promover, como en el pasado, el intercambio de productos terminados, el comercio intraindustrial en textiles y confecciones, cuero, calzado y sus manufacturas; químicos, alimentos, productos de primera necesidad y farmacéuticos, relación que contribuirá a fortalecer las capacidades productivas y los mercados internos.

Todo esto, sin tener en cuenta las inmensas potencialidades en servicios o turismo, nos indica que retomar el camino de la integración económica, comercial y productiva sería una contribución invaluable al desarrollo conjunto y sostenible, más aún en un periodo de dificultades en nuestras cuentas externas.

Por lo anterior, nuestro llamado urgente a los gobiernos de las dos naciones para que en el más breve plazo se produzca la apertura las fronteras terrestres para el paso de vehículos y el comercio bilateral. Ganarán no solo nuestros pueblos, sino la integración latinoamericana.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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