Germán Umaña Mendoza
columnista

‘Espero la entrada de otra amante’

Las Farc, hasta ahora, han cumplido con el compromiso de la entrega de las armas, y el proceso parece irreversible.

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
junio 14 de 2017
2017-06-14 09:44 p.m.
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Las Farc, hasta ahora, han cumplido con el compromiso de la entrega de las armas, y el proceso parece irreversible. No fue el resultado de una rendición, sino de una negociación. El Estado deberá cumplir con su parte del compromiso.

Los ciudadanos deberíamos estar satisfechos con lo que está ocurriendo, y en disposición de pasar la página de la negra historia de nuestro pasado reciente, aun a costa de continuar nuestro camino con el costal de los recuerdos en nuestras espaldas, con nuestros muertos, con los de todos los demás, para que las nuevas generaciones tengan la posibilidad de no repetir la historia.

Aún recuerdo las palabras de mi padre, en su carta a los jóvenes del siglo XXI: “cambio mi vida por otra vida, pero siempre la vida pese a la muerte”. Desafortunadamente, hay tantos que piensan lo contrario. Para ellos, haber nacido y vivido en un país en guerra y empezar un proceso de reconciliación no significa nada. No es suficiente con haberse lucrado de manera infame de la tragedia del país, ni haber aprovechado el temor para avanzar en la política, ni haber mentido sistemáticamente, hasta hacer creer a la masa que lo que decían era verdad. Ellos, continúan armándose para defender el ‘botín de guerra’. Prometen ‘hacer trizas los acuerdos’.

Parece increíble: los medios de comunicación replican incesantemente esos discursos de odio. En las redes sociales se multiplican los insultos. En el imaginario colectivo, el infierno es el lugar donde deberían estar todos los demás (menos nosotros), y si alguien quiere salir hay que hacer una escalera humana que permita alcanzarlo y devolverlo al hueco.

En política no se habla, se vocifera y, todos, sin excepción, se sienten dueños de la verdad absoluta. Y, en el centro, miles de ciudadanos indignados que pueden terminar inclinándose hacia populismos de izquierda o de derecha, si no encuentran rápidamente una base fuerte a la que amarrarse para evitar ser atraídos irremediablemente por los ‘cantos de sirena’.

La gran esperanza para centrar el debate sobre el futuro se encuentra en la academia, y en la educación y los educadores –si se logra superar el paro permanente–, en su capacidad de propuesta y de ordenar las preguntas sobre el futuro del desarrollo nacional que tiene que ver con temas de fondo sobre los derechos fundamentales, el crecimiento, el desarrollo económico y social, su sostenibilidad, el empleo digno, la mejora en las condiciones infames de la desigualdad, y tantas otras cosas más, que nos permitirán construir futuro, esas sí realmente importantes.

Entiendan, escuchen, conversen, no se griten más: aíslen a los ancianos que no admiten su fracaso. Déjenlos hablar solos, no sean ‘idiotas útiles’ ni simples cajas de resonancia.
Si quieren espectáculo, vayan al circo, a la media torta, al León de Greiff, al Simón Bolívar, al teatro. El poeta José Umaña Bernal, en su bello poema a la muerte y ante su visita prematura y su sonrisa cínica, se armó de valor, la rechazó y “con desdén lisonjero, le dijo al descifrar su interrogante: Perdón, señora, pero ahora espero la entrada de otra amante”. Yo, también.

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