Germán Umaña Mendoza
columnista

La historia se repite

'Y, las miro lejanas mis palabras, más que mías son tuyas, van trepando en mi viejo dolor como las yedras', decía el gran Neruda.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
abril 05 de 2017
2017-04-05 05:56 p.m.
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Desfilaron la semana pasada imágenes dramáticas que nos recuerdan acontecimientos del pasado. Son historias recientes y que cuesta olvidar. Desafortunadamente, las nuevas generaciones poco o nada han sido educadas en el conocimiento de su pasado cercano. Para muchos simplemente no existe.

Aún se encuentra grabado en piedra, en mi memoria, el fatídico mes de noviembre de 1985. El día seis se produce el genocidio del Palacio de Justicia, cuyos responsables en su mayoría se encuentran impunes y, los que no lo están, gozarán seguramente de las ventajas de la Justicia Especial para la Paz (JEP). Desde entonces, Colombia no ha recuperado la majestad de una Corte Suprema de Justicia cuyos extraordinarios juristas fueron sacrificados salvajemente por los violentos. En abril de 1998, asesinaron a Eduardo Umaña Mendoza, por sus denuncias, la búsqueda de la verdad de lo que allí ocurrió y la defensa de sus víctimas.

Ocho días más tarde (13 de noviembre del mismo año), Armero desaparece por una avalancha de lodo y piedras. Más de 20.000 muertos, pocos sobrevivientes, eso sí miles de damnificados que aparecieron milagrosamente para usufructuar los recursos del Estado y de la tragedia de sus compatriotas. La semana pasada una tragedia natural similar en Mocoa, Putumayo, cerca de 300 muertos, un pueblo destruido, la solidaridad en el corto plazo ha sido importante y, ojalá no se condene al olvido en el futuro a las víctimas. Ya pululan como hienas los pícaros, las falsas víctimas y los oportunistas.
Simultáneamente con esta tragedia, se desarrollaba una marcha variopinta, con un grupo de ciudadanos legítimamente indignados y seguramente con la mejor buena fe.

Pero, eso sí, con muchos corruptos caminando y exponiendo sus consignas contra la corrupción, de intolerantes y fanáticos religiosos que desconocen los derechos fundamentales de las minorías, de muchos que solo creen en la ‘paz de los sepulcros’, de los señores de la guerra, el narcotráfico y sus sicarios, encabezados por el mayor asesino confeso del país: ‘Popeye’, o como se llame ese delincuente. Ni un minuto de silencio por la tragedia que vivían sus compatriotas, no se enteraron.

Y, en ese mismo fin de semana, se promulgan las sentencias que pretendieron desaparecer el poder legislativo en Venezuela. Afortunadamente, y en respuesta, una dura y coherente reacción de la comunidad internacional, la reversa parcial de las medidas que se tomaron y la continuación de una crisis política, social y humanitaria que no se merece el hermano país. Reviví el 5 de abril del 2002, cuando el presidente Fujimori cerró el congreso en Perú, con el apoyo de una inmensa mayoría de los peruanos y el Ejército. Hoy, ese prohombre, se encuentra en la cárcel por sus permanentes violaciones a los derechos humanos.

“Y, las miro lejanas mis palabras, más que mías son tuyas, van trepando en mi viejo dolor como las yedras”, decía el gran Neruda y, es verdad, la historia se repite, el olvido de tanta barbarie, simplemente nos alerta sobre la falta de memoria y del necesario aprendizaje para no repetir los errores del pasado.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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