Germán Umaña Mendoza
Columnista

La política y el debate sobre el desarrollo sostenible

Quizás este año se produzca la discusión en torno a los sectores que producen bienes y servicios.

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
marzo 01 de 2017
2017-03-01 10:45 p.m.
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Las expectativas de los agentes económicos son determinantes para definir la evolución de sus decisiones en materia de inversión y riesgo. En el mundo, la característica actual es la de la cautela, pero, curiosamente, el espíritu animal que todos tenemos, presiente oportunidades en medio de la tormenta y genera expectativas aparentemente ilógicas en el corto plazo, pero con mucho sentido en el mediano y largo plazo. Son los que piensan que no necesariamente un mal comportamiento en sus balances implicará que la tendencia se repita en el inmediato futuro, o viceversa.

Y, es que a pesar del pesimismo producto de las bajas tasas de crecimiento del PIB del 2016, de los resultados de la reforma tributaria, de la ‘desesperanza’ que genera la impotencia para combatir la corrupción multinacional, nacional y regional; el comportamiento y las predicciones sobre la evolución de las cuentas internas, externas y los precios macroeconómicos no parecen tan negativos, y nos darían la oportunidad de estabilizar la economía y corregir el rumbo para liberarnos de la dependencia de los commodities y adoptar un modelo de desarrollo sostenible.

Vean ustedes y, por favor, pásenme la factura al final del año:

El PIB crecería alrededor del 3% (mediocre, pero no malo). Las cuentas externas no mostrarán un deterioro de la balanza de pagos: los déficits de cuenta corriente y comerciales, aunque posiblemente continuarán con signos negativos, serán te menores en el 2017, la cuenta financiera y de capitales se mantendrá en niveles estables y, en general, estas cuentas externas no seguirán como el principal motivo de preocupación para la economía en el corto plazo.

El crecimiento del endeudamiento externo como porcentaje del PIB es una preocupación que se transfiere a un futuro no menor de ocho años. Por ahora, el nivel de reservas internacionales es suficiente para satisfacer las demandas de importaciones, el pago de intereses de la deuda y los abonos a capital. Que paguen los jóvenes de hoy. La tasa de cambio se mantendría relativamente estable, fluctuando alrededor de los 3.000 pesos por dólar, la tasa de interés de referencia bajará entre 1 y 1,5% y la tasa de desempleo permanecería en menos de dos dígitos. Con la reforma tributaria, el cumplimiento de la regla fiscal no será una preocupación en los próximos tres años.

Si sumamos la consolidación del proceso de paz con las Farc, de, ojalá, el avance del que se realiza con el Eln y de los resultados positivos en la lucha contra la corrupción, podríamos afirmar que en lo económico, con excepción de la bomba de tiempo del sistema de salud, la situación en el inmediato futuro es relativamente tranquila.

Esto dará la posibilidad de generar un debate político alrededor de los temas del crecimiento, pero sobre todo del desarrollo sostenible (los sectores reales que producen bienes y servicios), de la necesaria integración latinoamericana y, seguramente para Colombia, sometida a un silencio cómplice frente a la ‘barbarie’ del gobierno Trump, mantener la esperanza que ante la avalancha de conflictos que generará, nuestro país simplemente no exista.

Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com

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