Germán Umaña Mendoza

Si a la paz, no a los sepulcros

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
agosto 30 de 2012
2012-08-30 01:26 a.m.
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De nuevo se plantea la posibilidad de realizar un proceso de paz con la guerrilla.

Hay que decirlo: bienvenido sea, así fracase.

Sin embargo, existen nuevas circunstancias que permiten avizorar un mejor futuro: la debilidad de la guerrilla es evidente y algunos de sus principales ideólogos han muerto, o por la acción de las fuerzas militares o simplemente de viejos.

En el continente han llegado al gobierno y al poder, por la vía democrática, partidos con un ideario de izquierda, más o menos audaces, pero que, en la mayoría de las circunstancias, han respetado el equilibrio de los poderes y entienden que puede existir la alternancia.

Los extremos del péndulo no parecerían tener regreso en Latinoamérica en el inmediato futuro.

Tal vez, el principal enemigo del crecimiento de una izquierda en Colombia ha sido la existencia de movimientos alzados en armas, cuyo principal objetivo es el cambio de las estructuras políticas, económicas y sociales, mediante las armas, la violencia y la lucha de clases.

Histórica y sociológicamente, podrían tener algún sentido cuando esto se había logrado en la China de Mao, la Rusia (Unión Soviética) de Lenin, la Cuba de Fidel y la Nicaragua sandinista, y, se crearon y desarrollaron a su amparo movimientos como los de las Farc, el Epl o el Eln. También, movimientos armados nacionalistas como los de los Tupamaros o el M-19.

El primero, en el poder por la vía democrática en el Uruguay y, el segundo, con exguerrilleros, gobernando en democracia. Los que permanecen en la guerra nada han logrado y, lo que es evidente, nada lograrán.

Por su parte, las fuerzas armadas colombianas, a pesar del dinero, la tecnología y el creciente apoyo de la población, tampoco son capaces de derrotarlos definitivamente y, en el entorno, campea como un fantasma el poder corruptor del narcotráfico y el denominado paramilitarismo.

Mientras tanto, la población espera y desespera. No hay peor hastío que el de aquellos que simplemente sufren las consecuencias de la guerra y la violencia, aplazando un mejor futuro y sin recuperar la esperanza.

Por supuesto, en contra de cualquier proceso se alzarán las voces de aquellos que solo creen en la paz de los sepulcros, claro, mientras no sean sus propias tumbas, las de los mercenarios y los perros de la guerra, los beneficiarios de su presupuesto, o los enajenados de la extrema izquierda o de la derecha.

La paz es una utopía alcanzable, eso sí, solo, si entendemos que en una sociedad con tanta inequidad y desigualdad es necesario equilibrar los derechos de la mayoría con las prebendas infinitas de unos pocos.

Por siempre y para siempre: “cambio mi vida por otra vida, pero siempre la vida pese a la muerte” (Eduardo Umaña Luna), in memóriam, a cinco años de su partida.

Germán Umaña M.

Decano de Economía, Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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