Germán Umaña Mendoza
columnista

Retos económicos III

El reto económico y social es plantear en los países más pobres cómo devolverse en la ‘flexibilización’ laboral y recuperar la condición humana y social del trabajador.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
noviembre 29 de 2017
2017-11-29 08:31 p.m.
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Dos de las características que han determinado el devenir de la denominada globalización son las de la deslocalización y la flexibilización laboral. La primera, significa que las grandes multinacionales decidieron diversificar sus inversiones hacia países con salarios más bajos y, según la exigencia tecnológica de fabricación, con niveles de educación inferiores, en la medida en que disminuye la complejidad de los procesos de producción y comercialización.

Eso sí, en todas las circunstancias, lo fundamental era que se aprobaran y entraran en vigencia de tratados de promoción de inversiones y libre comercio entre países desarrollados y en desarrollo, con cercanía geográfica. En esencia, era implementar la seguridad jurídica ‘cuasi absoluta’ a la inversión de las multinacionales.

La deslocalización significó el inicio de la competencia entre las economías en desarrollo para atraer la IED. Se desmontaron todo tipo de exigencias para ingresar a estas economías, se convirtieron las multinacionales en intocables, ya que las leyes y los aparatos jurisdiccionales nacionales dejaron de tener injerencia en la resolución de conflictos y todo se remitió a tribunales de arbitramento como el Ciadi, del Banco Mundial, en los que los países en desarrollo, por acción u omisión, pierden la mayoría de las millonarias demandas.

Pero, además, la ‘flexibilización’ significó el deterioro de los derechos laborales de los trabajadores y la reforma de las legislaciones. Se decía: menos derechos más inversión. Y, en eso, son insaciables los capitalistas transnacionales. Basta ver en Colombia cómo la contratación pasó de ser regida por la legislación laboral a la comercial y, los trabajadores son mercancías, sin derechos. Ya no tienen nombre, son ‘ordenes de prestación de servicios’.

Los ‘individuos’ que no les sirven en esas condiciones son los ‘condenados de la tierra’: los informales. Ahora necesitan integrarlos a la formalidad para poder sostener sus regímenes financieros de salud y pensión a punto de crisis y de quiebra. Para ello: más flexibilización y más explotación: salarios mínimos diferenciales por regiones.

Eso sí, no disminuyan las prebendas de subsidios parafiscales de las cajas de compensación, las cámaras de comercio, mantengan la expropiación del 12 % para la salud de las pensiones, no le permitan a los trabajadores mantenerse en el régimen subsidiado, ni recibir las pequeñas sumas de programas como los de Familias en Acción.
La verdad, la real solución es estudiar cómo eliminar las prebendas y ‘los elefantes blancos que se crearon’ en las ‘para-instituciones’ y, no precisamente, financiar los sistemas con más precarización de las condiciones del trabajo y los salarios en las regiones.

Trump, presiona para que las multinacionales norteamericanas vuelvan a EE. UU., y por eso está renegociando el TLC suscrito con México y Canadá. Pone en riesgo la estrategia de la ‘deslocalización’ en la globalización. El reto económico y social es plantear en los países más pobres cómo devolverse en la ‘flexibilización’ laboral y recuperar la condición humana y social del trabajador. No caracterizarlo simplemente como una mercancía, un anónimo. Es el rescate del ‘humanismo social’ y de los modelos de desarrollo sostenible.

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