Germán Umaña Mendoza
columnista

Retos económicos VI

El debate nuevamente implica preguntarse si los países deben crecer para favorecer los intereses de la población en su conjunto.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
diciembre 20 de 2017
2017-12-20 08:17 p.m.
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Desde la década de los años 90, en el siglo pasado, nuestro país optó por una estrategia de internacionalización, con políticas públicas que priorizaron los intereses de la propiedad y deterioraron los derechos fundamentales de la sociedad en su conjunto. El debate nuevamente implica preguntarse si los países deben crecer para favorecer los intereses de la población en su conjunto, generando, a la vez, desarrollo y sostenibilidad, o si, por el contrario, se debe simplemente favorecer a los privilegiados porque ellos son los únicos generadores de riqueza.

 La verdad, hay tanto en qué pensar, sin que la solución sea la de rebajar los impuestos a los más poderosos. Por ejemplo:

Un país crece y se desarrolla para hacer sostenible el estar bien de su población en su conjunto. El falso dilema es pensar que la intervención del Estado debe dejar la distribución de la riqueza y el ingreso en la ‘mano invisible’ de un mercado, controlado por unos pocos depredadores. El debate sobre cómo lograr el desarrollo económico revive. El Estado debe intervenir y promover la producción de nuevos bienes y servicios.
Los recursos que administran los gobiernos deben fomentar más incorporación del capital conocimiento, gestión, transferencia, adaptación o innovación tecnológica, empleo calificado e incorporación de mayor valor agregado nacional.

La promoción de un círculo virtuoso para el desarrollo sostenible tiene como pilar la participación de los jóvenes en los procesos de cambio. Defender el presupuesto de la educación pública, así como impulsar el cumplimiento de los derechos de la juventud en materia de cultura, recreación y deporte es tarea urgente. Debe recuperarse el respeto por los hacedores de futuro y esperanza. Y, la eterna tragedia en el campo debe tener respuesta con la restitución de las tierras a los legítimos dueños desplazados por la violencia, y el fin de la persecución y las muertes de los defensores de los derechos humanos y el campesinado indefenso. También, con programas de formalización de la tierra y su democratización, con un control estricto a los recursos asignados. Además, el tratamiento en lo pertinente a baldíos es un real problema económico que debe ser resuelto, para que no se continúe expropiando impunemente al Estado. Si a lo anterior, sumamos un marco institucional y financiero para apoyar el campo, el desarrollo está servido.

La ‘flexibilización’ laboral significó el deterioro de los derechos laborales de los trabajadores y los convirtieron en mercancías sin derechos. Los ‘individuos’ que no les sirven ni siquiera en esas condiciones son los ‘condenados de la tierra’: los informales.
Ahora necesitan integrarlos a la formalidad. Para ello proponen salarios mínimos diferenciales por regiones. La verdad, la real solución es estudiar cómo eliminar la entrega de parafiscales a ciertas instituciones y la eliminación de sus prebendas: sobrarían recursos.

En síntesis, hay verdaderas carencias (las descritas son solo algunas) que deben ser cubiertas con la generación de riqueza y la distribución equitativa del ingreso. Eso no es populismo, es humanismo social. Hay que decir NO a las propuestas, esas sí populistas y engañosas, de la derecha económica que nos ha sumido en la actual crisis.

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