Germán Umaña Mendoza

Sapos y paz

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
febrero 19 de 2015
2015-02-19 03:30 a.m.
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Se siente, por decir lo menos, desconcertado el ciudadano de bien que no ha cometido ninguno de los delitos que aparecen todos los días listados en las negociaciones de paz. Yo pensaba que el problema era la guerra. Sin embargo, ahora que se acerca el fin del conflicto con las Farc, me he dado cuenta de que el problema es otro: son demasiados a los que les preocupa que la terminación de la guerra los deje por fuera de la impunidad general que será decretada.

A los sapos los cocinan lentamente, a fuego lento y adormeciéndolos para que acepten su destino con placidez. Yo me siento un sapo cocinado a fuego lento.

Las negociaciones entran en la etapa de los canjes definitivos: sus muertos por mis muertos, pensarían algunos. Pero no, es un problema de supervivencia. Todos los que han participado en esta cruenta guerra de una manera u otra deberán tener el privilegio de la inmunidad.

No irán a la cárcel los guerrilleros, tampoco los militares o insurgentes que se excedieron en el ejercicio dizque de sus funciones, ni los empresarios del campo que financiaron grupos paramilitares o Bacrim, ni los industriales o comerciantes que conformaron o pagaron bloques de ‘autodefensa’ urbana, ni los autores de los despojos o el desplazamiento, ni los ideólogos de la barbarie: todos actuaron según sus convicciones, en defensa de los más altos intereses de la patria, no de los personales. Pobrecitos, fueron las verdaderas víctimas vivas del conflicto.

Todos dan ahora la bienvenida a la propuesta del expresidente Gaviria: dicen que es una jugada maestra para atraer a las conversaciones al Centro Democrático. Por fin se desarmarán los espíritus y Uribe y Santos, se sentarán a manteles. Todo es negociable. Todo será impunidad.

Da asco y miedo. Dicen que no volverán a delinquir. Los académicos e intelectuales que participaron en el análisis de las causas de la violencia, como los doce apóstoles, dieron doce interpretaciones diferentes. Según ellos y, en parte es verdad, todos tuvieron la culpa. Pero, “como el que peca y reza empata”, lo mejor es equilibrar las culpas y perdonarlos a todos. Eso dizque es la paz.

Mientras tanto, el sapo que se cocina a fuego lento observa adormilado y piensa como Bolívar: “Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía, los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo, y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales”. Ahora sí me iluminé, dirá antes de dormirse para siempre: soy definitivamente un sapo.

Ojalá mis hijos lo entiendan: era por su bien y perdonarán la ingenuidad. Bien compañero Neruda: “Y, las miro lejanas mis palabras, más que mías son tuyas, van trepando en mi viejo dolor como las yedras”. Me alcanzó el delirio.

Germán Umaña M.
Decano de Economía, Universidad Central
germanumana201@hotmail.com

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