Germán Umaña Mendoza

Desde la soledad

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
abril 24 de 2014
2014-04-24 01:09 a.m.
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Escribo desde la soledad. Se acaba de morir un amigo común, tanto de ‘Remedios’ como del suscrito. Era entrañable, amaba escribir vallenatos en libros. Venía de la Costa y era el principal representante de los caribeños en Bogotá y en México.

También escribía libros sobre la violencia: las guerras civiles que nos azotan desde casi siempre, la matanza de las bananeras, tal como en otras etapas de nuestra historia jamás se supo el número de muertos o desaparecidos, mucho menos logramos la verdad, la justicia o la reparación. Lo cierto fue que cuando entraron los marines norteamericanos, se elevó al cielo la inocencia: nuestra ‘Remedios’.

También se encuentran tristes los millones de colombianos que alguna vez aspiraron a una pensión, a ellos y al ‘Coronel’ nadie les escribe, van a tener que vender y comerse el gallo.

De la pobreza, el abandono, el olvido y la desesperanza nadie los liberará

Cuando empiezan a confundirse las fechas, los hechos y los ministros, es señal inequívoca de que está acercándose el otoño de aquellos que aspiraron a patriarcas, que aún guardan la esperanza de lograrlo, solo el tiempo y la eternidad los separan de sus ilusiones. Hablan solos y cada vez los oyen menos.

La condena por sus actos es terrible. Poco a poco abandonan al titiritero sus muñecos. No afinan bien ni siquiera cuando trinan.

En un diálogo afectado y obligado que sostenía Gabriel García Márquez con el gran poeta Neruda, obligado por los medios de comunicación, a propósito se quejaba Gabo de que sus escritos lo alejaban de la realidad.

Estaban en París, ambos inmersos en la verdad de la Unidad Popular liderada por Allende en Chile. Allí moriría en la Isla Negra Neruda, asaltado como nadie por la incomprensión y los vejámenes de la irracional dictadura del peor de los patriarcas.

Pero, siempre había amor a pesar de vivir en los ‘Tiempos del cólera’. En lo personal, siempre me quedó un sabor agridulce sobre la relación de Fermina y Florentino. Al final son dos cadáveres amándose.

Casi que un homenaje a aquellos que no pierden la memoria, una diatriba a aquellos que creen que ‘todo lo amado, al pasar se olvida’.

Jamás lo conocí. Lo vi una vez entrando a la casa de la ‘esmeralda’ de Eduardo (mi padre) y hablaron de exilios y de incomprensiones, de mentiras y falacias. Recién entonces, entendí que nuestro sino era la guerra, no la paz. Ojalá algún día y a pesar de todo, las cosas cambien.

Por mi parte espero vivir los trece años que le faltaron a Gabo para completar los cien años en su soledad, y quisiera tener la oportunidad de decirle, aunque no me escuche, del triunfo de la esperanza sobre la tristeza y la nostalgia. ¡Abur, abur!, y hasta otra vez.

Germán Umaña M.

Decano de Economía, U. Central

germanumana201@hotmail.com

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