Germán Umaña Mendoza

A más tardar mañana

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
noviembre 21 de 2013
2013-11-21 02:16 a.m.
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Cuando nos referimos a consolidar un proceso de paz, nos imaginamos una nueva Colombia, y debemos pensar y decidir nuestro papel en ese escenario, nada fácil, pero profundamente esperanzador.

¿Qué hacer? Cada uno lo que sabe. Los académicos y universitarios tendremos el reto de analizar, investigar, proponer, enseñar y educar. La ética y los valores esenciales para poder vivir en comunidad se han refundido en una sociedad donde la violencia y el individualismo se han convertido en la norma.

Si en algo tendremos carencias es en el total irrespeto a los derechos humanos, al derecho internacional humanitario, en la enseñanza de la democracia, en el desarme de los espíritus, en la construcción de la paz.

Los profundos desequilibrios nacionales, regionales y locales solo podrán solucionarse a partir de propuestas objetivas, investigadas, planeadas y comprometidas. El papel de los maestros en el apoyo a la investigación-acción (Fals Borda) será esencial. Tendremos que salir de la estratosfera y pisar de nuevo nuestra realidad. Al fin y al cabo, es la que nos ha dado el privilegio de ser maestros.

Los profesionales de las ciencias sociales y la ingeniería, las ciencias y las artes, tendrán que entender que solamente en la comprensión interdisciplinaria de la realidad nacional, en un marco de creciente y conveniente internacionalización, podrá abordarse, de manera integral, la complejidad de la problemática social y económica del país.

Son muchos los diagnósticos y pocas las realizaciones. Cuando ya no tengamos la disculpa de la guerra, aunque persistan algunas manifestaciones violentas, podremos priorizar los recursos del crecimiento y los sobrantes del presupuesto dedicado al conflicto, precisamente al desarrollo sostenible y a la integración de los excluidos.

No será posible continuar ejerciendo el poder central sin crear los necesarios equilibrios con las regiones, especialmente aquellas que fueron más azotadas por los conflictos. Tantos años de violencia, muerte, sevicia y odios no se resuelven con nada distinto que educación, justicia y cumplimiento de los deberes de la sociedad y del Estado.

¿Seremos capaces de responder a tan importantes retos? El papel de los maestros en todos los niveles será el de contribuir con su ejemplo, capacidad y compromiso, desde las aulas, y desde el apoyo a la formulación, planeación y desarrollo de las políticas públicas para el posconflicto. Ojalá nos dediquemos a la participación real en la transformación de la sociedad, desde la orilla de lo que pretendemos saber hacer: educar.

Ah, más que a nadie para nosotros: los viejos maestros tendremos que actuar desde las aulas como guardianes de la memoria. No podemos permitir que las nuevas generaciones consideren que no tienen historia o que esta se convierta en una gran mentira. Con Silva: “Todo lo amado que al pasar se olvida, es fuente de angustiosas decepciones”.

No al olvido, solo así lograremos que la barbarie no se repita nunca más.

Germán Umaña M.

Decano de la Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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