Germán Umaña Mendoza

Vacaciones por la costa

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
enero 16 de 2014
2014-01-16 04:23 a.m.
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Había olvidado qué es eso de salir de vacaciones. El día de los inocentes, acompañado de mi familia, abordé la aventura de llegar a Santa Marta en carro. Como resultado de las investigaciones previas en ‘Google Maps’, tome la denominada Ruta del Sol a las cuatro de la mañana y, con mucha ilusión, llegué hasta La Vega por una doble calzada, que ya casi terminan, después un tortuoso camino hasta Guaduas, (todavía no sé cómo los Virreyes se desplazaban hasta semejante ‘lejura’ y, de allí hasta la Dorada, resistiendo la tentación de ingresar al zoológico de Escobar. A pesar de mi edad, aún tengo memoria.

De allí pasé de la Ruta del Sol a la ruta de la palma africana. El nuevo y poderoso monocultivo que lidera la producción agrícola de largo plazo en Colombia: su sostenibilidad se basa en las normas oficiales que obligan a la utilización de los biocombustibles en los vehículos en un porcentaje importante, en los subsidios existentes y en que se mantengan altos los precios del petróleo; para asegurar los dos primeros factores hasta Ministro tienen.

Son miles de hectáreas, en su mayoría de grandes latifundios productivos complementados por hatos ganaderos con reses de doble propósito de las mejores razas y búfalos, los que en la producción de carne y leche competirán con los precios subsidiados de Estados Unidos y la Unión Europea. ¿Será que hay lavado de activos? Debe ser mi imaginación. Como siempre estoy negando la honrada iniciativa de la mayoría de esos inversionistas.

Ya en Aguachica, ingresé en una ciudad pujante en su desarrollo, de más de cien mil habitantes. Había tenido el privilegio de visitarla hace cerca de cuarenta años. Aún recuerdo dos hechos que me impactaron en ese entonces pueblito de menos de ocho mil personas: La inauguración del acueducto municipal, que terminó en desastre e inundación, tan solo porque los contratistas habían utilizado tubería de diferentes diámetros y, de otra parte, el derrumbe del principal edificio, porque habían olvidado incluir hierro en las estructuras. El realismo mágico, estimado lector. En la noche me enteré de que el acueducto todavía no funciona.

Se me acaba el espacio. Llegué a Santa Marta: solamente dos lunares: jamás se les ocurra visitar el Tayrona en lancha, cositas dirigidas por un ‘capitán’ y en la que solamente ingresamos los incautos o los suicidas. Además, me bañé saludablemente en carbón y agua de mar, gracias a las bondades del respeto al medio ambiente de la Drummond.

Es la nueva Colombia. Me faltan los Llanos Orientales. Será mi próxima parada. Nuevamente, ratifico el hecho de cómo el crecimiento no genera necesariamente desarrollo. Pero, qué le hacemos: es la nueva Colombia: resultado de los huevitos y ‘la confianza inversionista’.

Germán Umaña M.

Decano de Economía, Universidad Central germanumana201@hotmail.com

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