Germán Umaña Mendoza

Vivir en déficit

Germán Umaña Mendoza
Opinión
POR:
Germán Umaña Mendoza
julio 17 de 2014
2014-07-17 04:08 a.m.
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Primero me dijeron que las exportaciones eran el motor del desarrollo: bienvenidos al futuro ‘producir más, importar más, pero, sobre todo, exportar más’. Decidimos hacer una apertura hacia adentro y de paso nos llevamos de calle a la Comunidad Andina y, en general, la integración latinoamericana, grupo de países a los que realizábamos las exportaciones de valor agregado. Las sustituimos por envíos al exterior de materias primas: petróleo, ferroníquel, algo de petroquímica, carbón y, en general, productos primarios.

Resultado: pérdida de mercados en productos industriales y agropecuarios, pero evidentemente debilitamiento estructural de esos sectores y aumento de las importaciones que penetraron el mercado interno provocando, por ejemplo, la pérdida de más de un millón de hectáreas, especialmente en los cultivos de alimentos.

A pesar de los buenos precios de las materias primas, el deterioro de otras exportaciones, el permanente déficit de la balanza de servicios y la creciente salida de utilidades, aunque morigeradas por el aumento de las remesas enviadas por los colombianos desde el exterior, nos condujo a un déficit estructural en la cuenta de servicios, el cual para el año 2014 se calcula en un porcentaje cercano al 5 por ciento del PIB.

En ese momento, los economistas me dijeron que no me preocupara, nos íbamos a financiar con la cuenta de capitales por la entrada de Inversión Extranjera Directa (IED). Así ocurrió durante varios años y la inversión se concentró en bienes primarios, aumentó la seguridad jurídica y salieron de manera sostenida mayores utilidades y la bonanza la vimos pasar como un rayo de luz, a través de una ventana: sin rompernos ni mancharnos. Poco o nada quedó de esos ingresos para asegurar un desarrollo sostenible, lo poco que quedó, no se invirtió, solo se gastó.

Mientras tanto, profundizamos en la apertura con los mal llamados tratados de libre comercio con economías más desarrolladas, los cuales no son otra cosa que tratados de protección de inversiones. Curiosamente, la IED proveniente de los países con las cuales firmamos esos acuerdos ha venido deteriorándose a partir de su entrada en vigencia y se produce un mayor déficit comercial. Paradojas.

Ahora que empezó a bajar la Inversión Extranjera Directa, nos financiamos con capitales golondrina. Suben las tasas de interés, la inflación y el endeudamiento interno. El riesgo evidente es que se produzca un déficit fiscal. Así, a los déficits externos se sumarán los internos, con una producción interna debilitada, sin capacidad de respuesta, con baja inversión en tecnología, investigación, innovación y baja productividad del factor humano, producto de los magros resultados en educación.

Lo antedicho indica la necesidad de un análisis de orden estructural y de mediano y largo plazo. Son temas de la mayor importancia que deberían ser analizados desde la academia y el Gobierno. Aún estamos a tiempo de aplicar los necesarios correctivos.

Germán Umaña M.

Decano de Economía, Universidad Central

germanumana201@hotmail.com

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