Germán Vargas G.

Ni la mitad de bien que los mejores

Germán Vargas G.
Opinión
POR:
Germán Vargas G.
octubre 27 de 2015
2015-10-27 03:26 a.m.
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Irresoluta y obsesionada con los informes, Colombia no competirá con países desarrollados que superaron guerras o recesiones, continuará rogando milagros económicos, declarando elevadas aspiraciones que reduce a metas, a medias y, posteriormente, resultados mediocres.

Inercia episódica, parece que hacemos mucho, pero avanzamos nada: abundan las iniciativas aisladas o ejecutadas a medias, por falta de continuidad, conforme interpreto los escasos progresos en reforma educativa, industrial y tributaria, ante las recomendaciones formuladas para integrar la Ocde –club de 34 países promotores de mejores prácticas–.

Según cifras del DPS, el 68 por ciento de nuestra población representa clase media, pero 55 por ciento de esta es vulnerable a recaer bajo el umbral de pobreza. Aunque tales estándares son discutibles, reflejan patrones que resignamos en cada informe con el que nos comparamos, creyendo que la media sustenta una medida normal y aceptable, tal como su asimétrica distribución.

Confusamente ambidiestra, silogismos defectuosos aunque sugestivos nos anclaron a ella, porque avanzamos un paso y retrocedemos otro, nos atraen las ideas de izquierda y los métodos de derecha, y nos refugiamos en males menores antes que avanzar hacia valores supremos: país de informes, gestión informe y estado conforme.

Analizando, en el Índice de Competitividad Global, Colombia registra la posición 61 ante 144 naciones; en el Reporte de Capital Humano, que evalúa educación, experiencia y competencias laborales (62 entre 124), o la Encuesta Mundial de Gestión (25 comparadas 34), que evidencia una sensible brecha en la autoevaluación, acentuada en talento e innovación: disonancia que revela puntos ciegos, sesgados por ignorancia gerencial o vanidad cultural.

Entretanto el Índice de Innovación Global (67 entre 141) destaca que, asimilando el trade-off impuesto por la recesión y la relocalización productiva, EE. UU. promueve una red para la innovación manufacturera, inspirada en la Sociedad Fraunhofer, que apalancó la recuperación de Alemania desde la posguerra, consolidando pymes en industrias sofisticadas.

Tantos diagnósticos de clase mundial y sectores estratégicos fallidos, modas gerenciales y falacias burocráticas que deshonran la filosofía del mejoramiento, como las certificaciones de calidad que se obtienen maquillando problemas para aprobar las visitas de auditoría, o los escasos y desaprovechados incentivos que confunden innovar con renovar (máquinas).

Necesitamos materializar genuinas transferencias tecnológicas, generar espacios de innovación dialógica y colaborativa, y transformar nuestra conciencia colectiva, promoviendo valores comunes y desarrollando destrezas como pensamiento crítico y creativo, liderazgo y gestión de cambio, comunicación y trabajo en equipo, orientación al cliente y manejo del error.

Nada novedoso subrayar que los resultados para cada entrega de estas mediciones no varían significativamente, tampoco las recomendaciones que dejan. Aproximadamente, en promedio, nuestros ranking encajan en la mitad, y esto no significa que estemos la mitad de bien que los mejores. Es la relatividad de la clase media, en ausencia de mesocracia local, estancada en la ‘mediocracia’ internacional.

Germán Eduardo Vargas G.
Catedrático
german.vargas@uniandes.edu.co
 

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