Gonzalo Gallo González
columnista

Pasión y ayudas visuales

Tu prodigioso cerebro te ayuda mejor a lograr lo que te propones si lo apoyas con llamativas ‘ayudas visuales’.

Gonzalo Gallo González
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Gonzalo Gallo González
marzo 08 de 2018
2018-03-08 08:48 p.m.
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Tu prodigioso cerebro te ayuda mejor a lograr lo que te propones si lo apoyas con llamativas ‘ayudas visuales’. Si quieres una casa, un viaje o un trabajo, mantén ante tu vista una foto o varias y una frase positiva que te hablen de tus sueños. Al verlas aplica la técnica AVA: afirmas, visualizas, agradeces. Es bien poderosa si lo haces de modo recurrente. Mariana Pajón lleva en su muñeca un tatuaje de los aros olímpicos y una manilla para entrenar. Ve eso, afirma y se visualiza ganando el oro.

Es más, a veces, al competir, se pinta las uñas de color dorado. Sabe que eso la ayuda, la motiva y afirma: “Si eres buena físicamente y no mentalmente, no vas a llegar a ningún lado. Primero se gana con la cabeza, después se pedalea”. Afirmar o decretar mucho es importante, visualizar y agradecer también, pero hay que hacerlo de modo constante. Es clave que te apasiones por tus sueños y des lo mejor. Invoca a Dios y a los ángeles, y serán tus aliados. Pasión es compromiso y ganas, es amar lo que haces y dar lo mejor sin desfallecer. Mariana mira fotos de las pistas en las que va a competir y se visualiza triunfando en ellas.

Detrás de toda gran obra o logro hay mucha dedicación, hay pasión, compromiso y paciencia. Gabriel García Márquez se dirigía un día de 1966 desde Ciudad de México a Acapulco. En ese trayecto tuvo la visión de la novela que había dado vueltas en su cabeza durante 17 años. Decidió que era el momento, se sentó frente a la máquina de escribir y trabajó sin descanso ocho horas diarias por 18 meses. En 1967 llegó el fruto: Cien años de soledad, fantástica novela en la que da vida al pueblo mítico de Macondo y a la legendaria estirpe de los Buendía. La vida no es un idilio sin problemas, no es un edén exento de obstáculos y dificultades. Creerlo es una ilusión frustrante. Y la razón es sencilla: la vida es como el deporte en el que los obstáculos son los que le ponen emoción. Sin ellos no vale la pena intentar algo y no puedes demostrar de qué eres capaz con tus cualidades.

Un alpinista jamás aceptará que lo lleves en helicóptero a la cumbre del monte Everest o del Kilimanjaro. Un atleta rechazará que le entregues una medalla de oro sin haber entrenado duro y luego correr la exigente maratón. Piénsalo, aprende a avanzar en medio de las dificultades y míralas como oportunidades para dar lo mejor. Jessica Cox, Tony Meléndez y Adriana Macías son felices sin brazos. Búscalos en Youtube y aprende de ellos. Benjamín Franklin hizo una lista de sus defectos y se dedicó con pasión y esmero a eliminar uno por año. Lo logró. Es que el progreso personal solo se obtiene con disciplina y entrega, no con esfuerzos pasajeros e inconstantes. Alguien dijo: un perdedor comete un error y dice ‘no fue mi culpa’, y responsabiliza a otros. Se siente víctima ante la adversidad. Cree que existe la mala suerte. Evita los desafíos y se rinde. Hace promesas, no se pone en acción y carece de pasión. Un triunfador comete un error y dice ‘me equivoqué’, y aprende la lección. Sabe que la adversidad es el mejor de los maestros y que el triunfo depende de sí mismo y un equipo, de su pasión y dedicación. Trabaja con bríos y se dedica tiempo a sí mismo. Enfrenta los desafíos uno por uno. Se compromete y cumple. Siempre dice ‘soy bueno, pero puedo mejorar’.

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