Gonzalo Gallo González

Comunicación afectiva y efectiva

¡Ojo! Esta es una de las mejores decisiones que puedes tomar en tu vida.

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
mayo 20 de 2011
2011-05-20 12:20 a.m.
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“Seré muy cuidadoso con los adjetivos”. Para que lo entiendas analiza esta lista: bueno, malo; bonito, feo; verdadero, falso; fácil, difícil. Reconoce que esos calificativos son relativos, están sólo en tu mente, no en la realidad, y dependen de tus creencias. Lo que es bueno, bonito o verdadero, puede ser malo, feo o falso para otros, y así suele ser.

Asúmelo y, cuando etiquetes algo, sé cuidadoso y di en tu mente: “esto es bueno o bonito para mí”. Entonces respetarás otros modos de pensar, serás tolerante y podrás fluir sin estrellarte. Sé consciente de todas las veces que el Ego te engaña y te hace creer que tú tienes la razón.

Nunca tienes la razón, sólo tienes tu razón, y sólo amas cuando valoras las razones de los demás y eres cuidadoso con los rótulos que pones a las personas y los hechos.  Cuando afirmas que algo es bueno o verdadero, recuerda que lo es para ti, no necesariamente para otros. Los sabios dicen que una persona espiritual sólo habla de algo cuando lo ha verificado y es necesario. Verifica siempre y sólo entonces habla si lo haces con prudencia y amor, o sea, para algo bueno y necesario.

Una persona espiritual únicamente habla de los hechos y las personas siendo muy cuidadoso con los calificativos. Una persona sabia verifica si algo es bueno con base en los frutos, en los resultados. Por eso decía el maestro Jesús: “un árbol se conoce por sus frutos”.

Y lo mismo pasa con las personas. Piensa entonces cuáles serán las consecuencias de lo que afirmas sobre alguien o sobre un hecho. ¿Lo que dices es verdadero, es útil y es amoroso? Si no lo es, ama el silencio y quédate callado.  Una comunicación afectiva y efectiva es clave en tus relaciones de pareja, familiares y laborales. Sabes cuán importante es el arte de escuchar, no sólo con los oídos, sino con el corazón, tal como lo enseña la sabiduría oriental. Allí se dice que hay que escuchar con los ojos y con el alma, prestar una genuina atención al otro y respetar sus creencias.

Pero además de escuchar con el corazón, es vital usar con extremo cuidado los calificativos. Cuando decimos que algo es fácil o difícil, es bien relativo. Para un niño, un joven o un empleado es valioso entender que nada es difícil, sencillamente es un proceso que pide práctica y paciencia.

Y el mejor ejemplo lo dan los buenos deportistas, los artistas y los inventores que logran proezas, no tanto por sus talentos, como por su tenacidad, su entrega y su dedicación.  Alguna vez Da Vinci afirmó: “No me dirían genio si supieran toda la pasión y la dedicación que pongo en mi arte”.

‘Fácil’ o ‘difícil’, ‘verdadero’ o ‘falso’, ‘bueno’ o ‘malo’, ‘bonito’ o ‘feo’ son simples adjetivos. Seguro y peligroso también.

Un cuchillo puede ser peligroso en manos de un bebé, pero no en manos de un chef. Es cuestión de manejo, nada más. ¿Cómo manejas los adjetivos en tu hogar y en tu trabajo? ¿Tus calificativos acarician o hieren? “Hay palabras que son como puñales”: Shakespeare.

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