Gonzalo Gallo González

Ética elástica

Gonzalo Gallo González
Opinión
POR:
Gonzalo Gallo González
octubre 24 de 2014
2014-10-24 06:11 a.m.
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Las aventuras y desventuras de los piratas atraen, y por eso se hacen tantas películas sobre ellos. La palabra pirata se liga a términos griegos que significan prueba (peira), o fuego (pyros). De hecho, los bucaneros o filibusteros tenían la costumbre de quemar el barco que atacaban y robaban. Cuando un gobierno les daba una licencia o patente de corso para saquear, los piratas eran corsarios. Recordando eso, mira si tú a veces te crees con patente de corso para abusar, engañar o corromperte.

Con una ética elástica te das una licencia para obrar mal pensando: así soy yo, o todos lo hacen, o aprovecho mi cuarto de hora. Si te autoengañas, hallas la excusa perfecta para obrar, y lo grave es que acabas creyéndote tus mentiras y justificando lo peor. Todos los piratas terminaron mal, como mal termina todo el que mal obra, solo dale tiempo al tiempo y lo verás.

El mismo día que Heinrich Himmler manda aniquilar el gueto judío de Varsovia, en 1943, escribe a su mujer y su hija: “Espero os guste el paquetito con bombones y almendras. Un pequeño saludo de vuestro papi”. Si lo lees ¿no quedas estupefacto? El tipo manda a matar a miles de judíos con una frescura glacial, pero habla de su regalo como buen padre y esposo. Entonces, uno se pregunta ¿para dónde viajaron en su vida el corazón y la consciencia? ¡Tan y desconcertantes los seres humanos!: un poderoso manda a matar y va al templo, el sicario cumple la orden y reza, y los corruptos roban billones y sonríen en una reunión social. Todos se creen sus ‘mentiras personales’ y juran que son buenos mientras causan estragos y dicen, “creo en Dios”. Como el esposo que, mientras pone los cachos jura, ¡te quiero amor!

Se vive con una ética y una fe elásticas que cada cual estira hasta donde le conviene. Que eso lo haga un pobre sin estudios, se comprende, pero los peores son personas de estrato alto en dinero, pero no en moral. Pobre Colombia con una ‘ética de caucho’ y un apagón moral, con una dirigencia tan corrupta y un pueblo tan aguantador.

Conocido es el desprecio que sentía el filósofo Diógenes por las convenciones sociales. Tanto que, ello le llevó a vivir en el interior de un tonel. En cierta ocasión, un discípulo le preguntó:

-Maestro, ¿a qué hora debe ir uno comer? -Depende, si eres rico puedes comer cuando quieras y, si eres pobre, siempre que puedas. Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco, que dejó el día que vio a un niño beber agua que recogía con sus manos. Andaba por las calles de Atenas con una lámpara encendida y la acercaba al rostro de las transeúntes. La gente le preguntaba por qué hacía algo tan inusual y él respondía: “Busco un buen ser humano”.

Imagina a Diógenes con su lámpara a la entrada del Congreso, las asambleas, los consejos y de las ‘altas’ cortes, tan bajas en ética. Hay que evocar a personajes de tanta talla moral con la esperanza de que las conciencias aletargadas despierten.

Gonzalo Gallo G.
Escritor - Conferencista
charleschaplin@oasisgonzalogallo.com

 


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