Gonzalo Gallo González

En el rol de víctima

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
febrero 21 de 2014
2014-02-21 01:41 a.m.
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‘En la vida, cuando te toca, ni aunque te quites, y, cuando no te toca, ni aunque te pongas’. Alguna vez habrás leído este aforismo anónimo que nos recuerda la ley de correspondencia: cada ser vive lo que le corresponde en su aprendizaje, sea que lo llame bueno o malo. En realidad las cosas no son buenas ni malas, simplemente son y tú les pones un rótulo. Con tu conducta siembras y recoges, te haces correspondiente a disfrutar o a tener penalidades. Nada llega por casualidad, todo llega para pulirte, para evolucionar espiritualmente. Aunque te veas como ‘bueno’ afrontas pruebas y si dices: ‘no es justo’, piensa en Jesús y en su cruz. Las penas no las manda Dios, están en el plan de vida que tú mismo trazaste con los ángeles antes de venir.

Es un plan con hechos claves, pero acá eres libre para asumir todo con amor o con quejas. Aprende que hay algo peor que afrontar una grave penalidad: actuar como víctima y pobrecito toda la vida. Sí, es terrible que te maten seres queridos, te secuestren, te roben o quedes lisiado, no obstante, tú decides si superas ese infortunio o te sientas en el sofá de las quejas a lamentarte sin fin. Por doquier hay ejemplos de tantos que con fe, amor y coraje superan hechos peores que los que tu lamentas. Esto le vio claro el sabio Séneca al decir: “no es la carga la que nos pesa, es el modo como la llevamos”.

A Inmaculee Ilibagiza le masacraron a toda la familia en Ruanda, perdonó y hoy está en paz. Jessica Cox y Bárbara Guerra no tienen brazos, pero hacen casi todo con sus pies y una sonrisa en los labios. Deja ese ingrato rol de víctima, ámate, apela a lo mejor de ti y elige perdonar y superarte con Dios en tu corazón. Colin Tipping es un buen guía con su gran libro El perdón radical, que pide un enfoque totalmente nuevo de la vida. Supone abandonar el papel de víctima y ver al agresor como alguien que, sin querer, enseña algo.

Entonces, se da una transformación milagrosa que deja de lado odios viscerales, rabias, culpas y resentimientos. Ojalá aceptes que todo es perfecto y que incluso lo que llamas ‘inaceptable’, sucede para que evoluciones. Elige ver al ‘malo’ como a alguien que en su ceguera te ayuda a sanar algo de tu pasado.

Lo horrible hace daño, sobre todo por el modo como se interpreta, y eso lo vio Mandela al perdonar de corazón. No actuar como víctima cambia todo, pero es tentador asumir ese rol y sufrir sin tregua. Colombia necesita un perdón radical o, de lo contrario, la reparación de víctimas será solo un hecho jurídico y económico que deja muchas heridas abiertas y una carga letal de odios, rabias y seres aferrados al ingrato rol de víctimas por siempre. Es justo que todo victimario sufra las consecuencias de sus actos, pero es otra víctima si penetramos en el túnel de su oscuro pasado. Únicamente un perdón radical libera y despeja un futuro radiante.

¿Quieres quedarte de víctima toda la vida, con odios y rabias que te enferman y te impiden ser feliz? Todo depende de tu actitud.

Gonzalo Gallo González

Escritor - Conferencista

charleschaplin@oasisgonzalogallo.com

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