Gonzalo Gallo González

Siempre hay salidas

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González
diciembre 02 de 2011
2011-12-02 01:33 a.m.
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El sultán Shahriar descubre que su mujer lo traiciona y la mata; cree entonces que todas las mujeres son igual de infieles. Airado, ordena a su visir conseguirle una pareja cada día, para hacerla matar en la mañana siguiente. Pero Sherezada, hija del visir, trama algo y se ofrece como esposa del sultán con un plan ingenioso.

La primera noche sorprende al sultán con un sugerente cuento que no termina y debe proseguir conectado con otro relato.

El sultán se engancha con el hechizo del cuento que la joven continúa al día siguiente y así se procede noche tras noche por largo tiempo. En ese ínterin Sherezada da a luz a tres hijos y, después de mil y una noches, el sultán ya la ama y viven felices. Todos conocemos esta historia persa que enseña algo: siempre hay salidas si confías y eres recursivo.

Igual que Sherezada, tú puedes encontrar estrategias para salir de un embrollo y lograr lo mejor. Los ejemplos abundan, enseñan y motivan:

El famoso pintor español Goya nació en 1746. Cuando tenía poco más de 10 años, la familia atravesó dificultades económicas y él tuvo que ayudar a su padre en el trabajo para superar la crisis.

Esto explica por qué ingresó a la Academia de Dibujo de Zaragoza a los 13 años, una edad tardía para lo que era habitual. Goya sufrió de sordera al final de su vida y aun así siguió pintando obras maestras. Por su parte, el escritor inglés John Milton tuvo que dictar a sus hijas su obra épica El Paraíso perdido al estar completamente ciego. El genial pintor holandés Rembrandt se casó dos veces porque su primera esposa murió joven. Tuvo seis hijos en los dos matrimonios y de ellos, cinco murieron siendo niños. Rembrandt vivió sus últimos años en bancarrota y ni ese infortunio ni sus penas lo alejaron de su arte.

El compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski encontró en la música un alivio a los problemas sentimentales por el fracaso de su matrimonio, sus amores platónicos, su homosexualidad y sus etapas depresivas. Supo inspirarse en medio de una vida atormentada y nos regaló una música, a veces festiva o juguetona y a ratos apasionada. Van Gogh acaso nunca conoció la felicidad y siempre sobrevivió en medio de una gran estrechez económica ya que sus cuadros no se vendían. “Mi juventud fue triste, fría y estéril”, anotó en una de sus cartas. Practicó una fe estricta y sin paz, y por eso confesó: “Estoy obligado a creer en Dios para poder soportar tantas desgracias”.

La verdad es que casi todos los grandes seres humanos atravesaron un árido desierto como sucedió con Bach, quien a los 10 años ya era huérfano de padre y madre. El maestro alemán tenía dos alas para volar muy alto: amaba lo que hacía y era un profundo creyente.

Supo manejar lo dulce y lo amargo en un armónico contrapunto y le hizo una fuga al desaliento.

Siempre hay salidas si crees, exploras otros espacios y liberas tu creatividad. Siempre hay salidas en equipo y con una paciencia infatigable. “La victoria siempre es del más perseverante”, dijo Corneille.

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