Gonzalo Palau Rivas

50 años de demografía

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
octubre 20 de 2015
2015-10-20 03:31 a.m.
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En una reciente crónica de ‘Hace 50 años’ publicada por el diario El Tiempo, se lee que para el año de 1965 la población colombiana ascendía a un poco más de 17 millones de habitantes.

La tasa de crecimiento demográfico de la época era del 3,2 % anual (o 32 por mil por tratarse de seres humanos no divisibles), lo que significa que de haberse mantenido dicho comportamiento en forma lineal, hoy –año 2015– la población total debería estar cercana a los ochenta y cinco millones de colombianos y colombianas.

Aunque pueda parecer redundante y verdad de perogrullo, no sobra recordar que tasa de crecimiento demográfico no corresponde a tasa de natalidad, sino a la diferencia entre natalidad y mortalidad.

En algunas sociedades este resultado neto puede verse afectado también por fenómenos externos migratorios, bien sea de atracción o de expulsión de población.

De acuerdo con los entendidos en la materia, Colombia no ha sido un país de alta relevancia en este efecto, o por lo menos no tan significativos, como en otras latitudes. Se podría mencionar tal vez como caso excepcional el año de 1999, cuando la peor crisis económica de la historia reciente de nuestro país, junto con la malograda experiencia del Caguán provocaron una estampida de cerebros fugados y estómagos vacíos, del orden de los cuatro millones. Aquí también vale la pena hacer la aclaración de que fenómeno diferente –pero no por ello menos acuciante– es el de la migración (desplazamiento) interna que no afecta al gran total de la población, pero en el cual sí desafortunadamente detentamos un indeseable liderato.

Volviendo 50 años atrás, hay que destacar como uno de los hitos de la institucionalidad colombiana la creación en 1965 de Profamilia, entidad que de diferentes formas asumió la problemática surgida del desbordado crecimiento poblacional. Imprescindible hacer referencia no solo a su actividad netamente dirigida a la planificación familiar, a través de diversos mecanismos con probado rigor científico, sino también a la gran labor de divulgación y culturización sobre las responsabilidades que para una familia –cualesquiera que sean sus convicciones religiosas– significa tener, mantener y educar un determinado número de hijos. Dicho en otras palabras, el surgimiento de Profamilia no fue casual, pero se dio en el momento justo y oportuno. De no haber sido así, la situación social y de violencia en nuestro país hubiese adquirido niveles catastróficos. Hoy por hoy, no damos abasto para educar y mantener debida y adecuadamente a cuarenta y ocho millones de habitantes. ¡Qué tal que fuéramos el doble!

Ahora el problema que se nos viene pierna arriba, y que van a tener que enfrentar las futuras generaciones, es el del envejecimiento de la población. En unos pocos lustros, cerca de la mitad de la población colombiana estará en la categoría de adulto mayor, o sea improductiva, pero al mismo tiempo cada vez más urgida de necesidades por satisfacer. Así como tuvimos la fortuna de crear Profamilia, urge pensar en algo que podría llamarse ‘Prosenectud’.

Nota electoral: El candidato que lidera las encuestas en Bogotá y que una tercera parte de los electores considera como el único capaz de resolver los problemas de la capital, tiene varias costillas rotas, producto de un accidente en bicicleta. Lo increíble es que pretenda que ocho millones de ciudadanos lo imitemos y suframos las mismas consecuencias.

Gonzalo Palau Rivas

Economista

gpalau@cable.net.co

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