Gonzalo Palau Rivas

¿Año nuevo, vida nueva?

Hay euforia y regocijo por el ambiente de cordialidad que el nuevo gobierno ha logrado consolidar en

Gonzalo Palau Rivas
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Gonzalo Palau Rivas
diciembre 20 de 2010
2010-12-20 01:10 a.m.
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Desde épocas inmemoriales, la humanidad acostumbra, cada vez que se aproxima el fin del año calendario, a hacer corte de cuentas sobre lo ocurrido en el reciente pasado e imaginar lo que pueda acontecer en el inmediato futuro.

 

Dicen que allá en el paraíso terrenal, cuando se aproximaba el 31 de diciembre, nuestro padre Adán hacía el recuento de las manzanas ingeridas en el año y proyectaba el número de serpientes a las que les daría cristiana sepultura en el siguiente periodo. No disponía de tecnologías modernas, pero la muy reducida composición del PIB de la época le facilitaba enormemente la tarea de elaborar estadísticas tan o más confiables que las que se manejan y divulgan en la era del Internet.

 

De esas mediciones, la que más le preocupaba era la que tenía que ver con el perfil de la población que lo rodeaba, pues después de que su hijo Caín dio muerte a su otro hijo, Abel, llegó a la triste conclusión de que el 33% de la población tenía tendencias criminales y, por consiguiente serios problemas con la justicia. En este sentido ¡algo ha avanzado la humanidad y concretamente nuestra patria querida!


Volviendo a la realidad actual, hay euforia y regocijo por el ambiente de cordialidad que el nuevo gobierno ha logrado consolidar entre las ramas del poder público y, así mismo, en el marco de las relaciones diplomáticas y económicas con los países vecinos y hermanos. En cuatro meses lo que antes era un imposible metafísico, hoy en día es una innegable y positiva realidad. Ya está circulando por el mundo la versión de que nuestro Jefe de Estado va a ser postulado, con muy serias posibilidades de éxito, como candidato al premio Nobel de Paz para el año 2011.


El exitoso trámite que en el Congreso han tenido los proyectos de ley presentados por el Gobierno contribuye a afianzar el clima de confianza que a los colombianos nos embarga, a pesar de las inclemencias que el otro clima -el invernal- ha derramado sobre buena parte de la geografía nacional con gravísimas pérdidas de vidas y de recursos económicos.


Este entorno cuasi paradisíaco, sin embargo, no nos puede impedir hacer algunos cuestionamientos o plantear algunas inquietudes. Si el Gobierno mantiene niveles de déficit fiscal del orden del 4% del PIB, lo que equivale a unos $25 billones, ¿cómo se le puede exigir que ahorre en el futuro sin aumentar impuestos? La única respuesta posible es gastando menos y entonces llegamos a la conclusión de que el presupuesto nacional para el año 2012, tendrá que ser inferior en una cifra equivalente al del año 2011. Traducido en cifras concretas ¿bajará de $147 billones a unos $122 billones? ¿Cómo? ¿Dónde se aplicará la tijera?


En el caso de la reforma a las regalías, nadie discute el principio de equidad que supuestamente lo sustenta pero es inaceptable que se parta de la falacia de que la corrupción es un ‘privilegio’ de las regiones en tanto que el Gobierno central es el paradigma de la transparencia y la sabiduría.

 

Tremenda, odiosa y peligrosa discriminación para un país con tantos conflictos internos. La piscina de olas construida en el municipio de Arauca se ha vuelto el caballito de batalla para desprestigiar a los entes territoriales. ¿No es más despilfarro e ineficiencia construir escuelas donde no hay ni maestros ni alumnos?


Espacio y tiempo no dejan campo para otras inquietudes y sólo resta desear que la del 24 no sea la única nochebuena para muchos de nuestros compatriotas.
 

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