Gonzalo Palau Rivas

Cuentas externas y reflexión ciudadana

Gonzalo Palau Rivas
POR:
Gonzalo Palau Rivas
febrero 02 de 2014
2014-02-02 08:46 p.m.
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“Cayó abruptamente el superávit de la balanza comercial en el 2013”. Este fue, palabras más palabras menos, el sentido de la noticia publicada en varios medios de comunicación acerca del comportamiento del sector externo de la economía colombiana al término del año inmediatamente anterior.

La noticia se basa en las cifras oficiales, según las cuales Colombia exportó bienes físicos por valor de US$58.400 millones y a su vez realizó importaciones por valor de US$56.600 millones, para llegar a un superávit de solo US$1.800 millones.

En el 2012 el superávit comercial había sido cercano a los US$3.000 millones.

Las cifras no mienten, pero la interpretación no es la más acertada. Lo que debe preocupar no es la menor diferencia a favor, sino la disminución en los dos valores que conducen a ese resultado.

En un mundo globalizado y plagado de tratados de libre comercio, los flujos de comercio tanto por la vía de las exportaciones como de las importaciones, deberían crecer permanentemente.

Ello no ocurrió. Tanto las unas como las otras disminuyeron frente al 2012, lo que a todas luces refleja un estancamiento en volumen y en valor, en contravía de los propósitos de esos tratados.

El supuesto objetivo de obtener un abultado superávit comercial nos retrotrae a las épocas del mercantilismo, cuando se suponía que la acumulación de riqueza de las naciones se basaba en inundar de productos a los vecinos a cambio de la acumulación de metales preciosos.

Esa visión arcaica solo producía desabastecimiento a nivel interno y exceso de circulante con nefastos efectos inflacionarios.

En resumen, el objetivo para el 2014 y años sucesivos debe ser que exportaciones e importaciones vuelvan a crecer de manera armónica, léase superar ampliamente los valores de los US$60.000 millones para beneficio mutuo de las partes involucradas.

En ningún caso será deseable un déficit externo, pero igualmente tampoco lo será un abultado superávit.

En el frente externo, también ha generado ruido la noticia de que el Gobierno Nacional aumentó su deuda externa en los primeros días del mes de enero al haber colocado en los mercados internacionales una emisión de bonos por US$2.000 millones.

Esta emisión, que es una gota casi que imperceptible en el océano financiero internacional, es la primera de dos o tres más previstas en el presupuesto nacional para la vigencia del 2014. El grueso de la deuda pública seguirá estando en las frecuentes y masivas emisiones de TES en pesos.

* * * * *

Reflexión ciudadana: el establecimiento y en general la sociedad civil representada por los medios de comunicación de más amplia circulación en el país, han sido –con sobrada razón– muy críticos de la actitud asumida por el alcalde Petro y sus asesores cercanos con el fin de dilatar el cumplimiento del fallo condenatorio de la Procuraduría.

Sin embargo, esos mismos críticos olvidan que la misma actitud y con el beneplácito de la opinión pública nacional, contagiada de falso patriotismo, ha sido la asumida por el Gobierno Nacional en relación con el fallo de la Corte de la Haya.

Desconocimiento o no acatamiento del mandato, trabas a su implementación, resquicios y vericuetos de toda índole comprenden el menú de la respuesta del Gobierno de un país que se suponía respetuoso de los tratados internacionales.

Deliciosa inspiración para Petro y asesores.

Sabemos que los honorarios en el litigio internacional son a cargo de todos los contribuyentes. Esperemos que los de la Alcaldía no salgan de las arcas del Distrito ni de sus contratistas.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor, Universidad del Rosario

gonzalo.palau@urosario.edu.co

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