Gonzalo Palau Rivas

No dependientes, pero frustrados

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
septiembre 13 de 2015
2015-09-13 10:32 p.m.
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“Juan Guillermo es un adolescente que desde sus primeros años de vida escolar se destacó por ser disciplinado y muy buen estudiante, habiendo obtenido, año tras año, las mejores calificaciones y muchas distinciones y reconocimientos. Esta circunstancia le permitió acceder a estudiar una carrera en una de las tres mejores universidades del país. Como su padre (cabeza de familia) era un profesional exitoso y proveniente de una familia financieramente acomodada, no tuvo inconveniente alguno para pagar una matrícula de alto valor. Hasta aquí todo bien, todo bien. Pero como la vida da tantas vueltas, desafortunadamente, su padre tuvo un accidente fatal y el promisorio estudiante se vio obligado a abandonar los estudios y encargarse del sostenimiento de la familia (madre viuda y tres hermanos menores) a través del rebusque en el submundo de la informalidad, muy propia de la realidad de nuestro país. Un amigo cercano de esta atribulada familia –optimista a morir y siempre dispuesto a ver el lado buenos de las cosas– comentó que, gracias a esta tragedia, el joven prospecto había podido poner término a su dependencia afectiva y económica con respecto a su progenitor".

Este episodio de la vida real volvió a mi mente al leer las más recientes declaraciones de nuestro Minhacienda, en las que manifiesta que, debido a la descolgada de los precios del petróleo y a la desaparición (muerte) de los ingentes recursos que Ecopetrol le suministró al Gobierno Nacional en los últimos años –vía impuestos y utilidades–, había llegado a su fin la dependencia económica de este último (el Gobierno) con respecto a la otrora próspera y boyante empresa estatal. Claro que la dependencia económica se ha acabado, pero de paso nos ha dejado un hueco monumental en las finanzas públicas, que no está para nada claro cómo se va a cubrir. Están comprometidos y sujetos a drásticos recortes y planes de inversión, cuya realización es indispensable para despejar el futuro económico del país. Algo así como lo que le ocurrió a nuestro amigo estudiante, que al ‘alcanzar’ la independencia paterna tuvo que poner fin a sus deseos de labrarse un mejor futuro.

En este orden de ideas, no deja de ser sorprendente que las comisiones de Senado y Cámara hayan aprobado un presupuesto global para el 2016 por un monto total de 215 billones de pesos, acogiendo, sin mayor discusión, la propuesta del Gobierno. De todos es sabido que este proyecto de presupuesto parte de unos ‘supuestos’ totalmente irreales, siendo los más visibles un precio internacional del barril por encima de los 60 dólares –cotización que seguramente no verán ni los nietos de nuestros nietos– y un crecimiento del PIB del orden del 4,5 por ciento, cuando el mismo jefe de Estado se da por bien servido si este llega a acercarse a 3 por ciento. El hecho de que estos supuestos del presupuesto no se vayan a cumplir puede que no sea responsabilidad directa del Gobierno, pero como esta realidad ya se conocía, una decisión seria, responsable y acertada, por parte de los legisladores, ha debido ser devolver el proyecto de ley al Gobierno para que este procediera a modificarlo y adecuarlo a las nuevas circunstancias.

Conociendo los intríngulis de la cosa política, y más en épocas electorales, esta consideración no deja de ser más que una ilusión de ciudadano preocupado.

Escrito lo anterior, la decisión sobre Isagen es excelente. Ayuda, pero no resuelve.

Gonzalo Palau Rivas
Economista
gpalau@cable.net.co

 

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