Gonzalo Palau Rivas

Etimología de la inflación

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
febrero 15 de 2016
2016-02-15 12:28 p.m.
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El significado del término inflación es tal vez el hecho económico más fácil de entender y percibir por parte del ciudadano de a pié. Cuando hay inflación, el efecto negativo para el bienestar y el bolsillo de este es contundente y evidente.

Sin embargo, el concepto de inflación no es etimológicamente originario del ámbito económico. Si uno consulta el diccionario Larousse –el antiguo doctor Google–, encuentra que la primera definición consiste simplemente en “acción de inflar”, y la segunda “estado de engreimiento”. Solo a renglón seguido, se define inflación como “desequilibrio económico caracterizado por la subida general de precios y que proviene del aumento general del papel moneda”.

Que inflación sea el resultado de una acción de inflar es redundante y no explica nada. Por lo tanto es preciso remontarse a la definición del verbo inflar, la cual reza textualmente como la labor de “hinchar o agrandar un objeto con aire o gas”. Esta expresión sí es más diciente y es la que definitivamente concuerda con el hecho económico de inflación que a todos nos afecta. Crecer los valores o magnitudes de cualquier variable económica, bien sea el PIB, los salarios, las ventas o las utilidades de las empresas por la vía de aumentar precios, es un crecimiento vacío (ficticio) que erróneamente puede, además, llegar a producir un estado de engreimiento (segunda definición) totalmente injustificado.

Haciendo uso de ese engreimiento irracional, el jefe de Estado de una hermana república nuestra bien podría afirmar que la economía que más crece en América Latina es la venezolana. Más del 100%, por solo efecto de inyectarle aire. Sin embargo, este ejemplo aberrante no es el único que puede darse en el devenir económico. ¿Cuántas empresas basan su estrategia de crecimiento en el aumento de los precios de sus productos y no en las cantidades producidas y vendidas? Un vistazo a la realidad que ha vivido, y sigue viviendo, la industria petrolera en el mundo, y especialmente en nuestro país, tristemente nos lleva a la conclusión de que esa ilusión monetaria condicionó erróneamente las principales decisiones de las compañías del sector. La ‘joya’ nuestra no resultó ser tan genuina.

La tercera interpretación o definición del señor Larousse, y que, supuestamente, es la más conectada con el leguaje económico –“subida generalizada de los precios por aumento general del papel moneda”– tal vez resulte ser la menos acertada. Así se desprende de las declaraciones oficiales y comunicados de la junta directiva del Banco de la República y de su cabeza visible, el gerente general. El desbordamiento inflacionario que estamos viviendo no obedece a exceso de dinero en circulación (papel moneda), como era usual en épocas no muy lejanas. Los efectos del fenómeno de ‘El Niño’ (¿qué pensarán al respecto en el ICBF?), son indiscutibles y no queda más que esperar a que pase el tiempo y venga ‘La Niña’ y restablezca la equidad de género, y de paso, baje la presión sobre los precios de los alimentos.

La otra causa está en la devaluación de nuestro pobre pesito frente al dólar, y el inevitable encarecimiento de materias primas y bienes finales provenientes del exterior. ¿Cuánto más durará este proceso? Es la pregunta del millón, y si el banco, para bajar la TRM saliese a vender reservas, no estaría imprimiendo papel moneda, sino todo lo contrario.

Correríamos, entonces, el riesgo de caer en la ‘estanflación’, término aún no adoptado por Larousse.

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