Gonzalo Palau Rivas

Es hora de revaluar el peso

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
noviembre 19 de 2014
2014-11-19 02:52 a.m.
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La economía colombiana aparentemente ha sido la más estable y la de mejor desempeño a nivel latinoamericano, en lo que va corrido del siglo XXI. Esta percepción explica el flujo creciente de visitantes del exterior, unos en plan de turismo, otros en calidad de inversionistas.

Sin embargo, a unos y a otros les llama la atención constatar que en dicho contexto, la moneda colombiana figura como una de las nominalmente más devaluadas con base en la tasa de cambio a la cual ellos pueden comprar y/o vender las divisas de su lugar de origen.

En nuestra región, la tasa de cambio nominalmente más cercana a la nuestra es el peso chileno, el cual ronda las 600 unidades frente al dólar. A niveles mucho más bajos se encuentran los otros pesos, el real e incluso el peso argentino y el llamado bolívar ‘fuerte’ de Venezuela. En estos dos últimos casos y para efectos comparativos, aun tomando la tasa del mercado paralelo y no la oficial, la distancia frente a nuestro peso sigue siendo abismal.

El común de la gente, tanto interna como externamente, considera que la existencia de una moneda fuertemente devaluada no es casual, sino resultado de serios problemas y desajustes en el desempeño de la respectiva economía, y lleva a pensar que esta posiblemente se encuentra ad portas de acudir a la ‘generosa’ colaboración del Fondo Monetario Internacional. Así las cosas, ¿cómo es posible que Colombia –alumno disciplinado y exaltado en la región– tenga una moneda tan devaluada? La explicación es muy sencilla, pero suele ocurrir que las cosas obvias, especialmente en el ámbito académico, tienden a olvidarse o pasar desapercibidas.

Sea lo primero recordar que desde los años 70 y hasta comienzos de los 90, todos los gobiernos democráticamente elegidos refrendaron y mantuvieron –en mayor o menor medida– la decisión de devaluar diariamente el peso para no afectar la competitividad de nuestras incipientes exportaciones no tradicionales.

En esas dos décadas y a través del crawling peg, o devaluación gota a gota, inicialmente, y chorro a chorro, posteriormente, la tasa de cambio se reajustó en una proporción equivalente a casi cincuenta veces.

Haciendo un símil para los tiempos actuales, ello equivaldría a pensar que a mediados de la década de los años 30 del este siglo XXI, la TRM llegara a estar por encima de los 80 mil pesos. Descabellado, pero escenario cierto y real de lo que ya ocurrió en el reciente pasado, no en tiempos de la patria boba o de las guerras civiles, sino cuando la economía ya estaba siendo dirigida por tecnócratas de alto reconocimiento, varios de ellos, hoy por hoy, aún vigentes.

De los 90 a hoy, la tasa de cambio peso/dólar se ha incrementado menos de cuatro veces dentro del esquema de flotación libre con intervención discrecional por parte del banco central. Posiblemente, ningún otro país de América Latina ha sido tan acucioso y decidido en el manejo y direccionamiento de la política cambiaria.

Así las cosas, y con el fin de evitar el desconcierto de nuestros visitantes externos y para ajustarnos a los valores que hoy se manejan en este mundo globalizado, nada más sensato que proceder a la eliminación de los tres ceros a todos los precios de nuestras variables, incluida la TRM.

Manejar la tabla del dos es más sencillo y amigable que la tabla del 2.147.

Gonzalo Palau Rivas
Profesor de la Universidad del Rosario
gonzalo.palau@urosario.edu.co
 

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