Gonzalo Palau Rivas

La inmovilidad en Bogotá

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
mayo 26 de 2015
2015-05-26 04:39 a.m.
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Hace un par de semanas, dispuesto a superar el prejuicio que me albergaba en contra del sistema de transporte representado por los buses azules del SITP, me llené de valor y decidí hacer un nuevo intento por reconciliarme con uno de los programas bandera de la administración distrital. Me encontraba en la Calle 100 con Carrera 11 y mi destino final era la Avenida Jiménez con Carrera Sexta. Al cabo de una espera de unos veinte minutos, identifiqué a lo lejos un bus azul, de esos cuya marca original nadie ha podido identificar y que muy llamativamente anunciaba como destino final la palabra ‘centro’.

Basado en esta información, abordé el vehículo, seguro de que me llevaría al centro de la capital a algún lugar muy próximo a la Avenida Jiménez. Como buen pensionado, no llevaba afán y me despreocupé por las posibles escalas intermedias o diferentes formas de llegar a la meta final. Al principio todo marchó muy bien, pues la poca ocupación del vehículo lo hace sentir a uno como un ser privilegiado y conocedor de un sistema reservado a personas con niveles de educación de doctorado para arriba. Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa e indignación, cuando el bus llegó a la Calle 32 y, raudo y veloz, giró a la derecha, rumbo a Teusaquillo, Paloquemao y alrededores. Entre desconcertado y ofendido me atreví a increpar al conductor e indagarle acerca de por qué no continuaba hacia el centro de la capital como pomposamente anunciaba el aviso delantero del vehículo.

La respuesta del conductor fue aún más desconcertante: para el sistema integrado (SITP), ‘centro’ es sinónimo de centro financiero. Aquel vecindario que Jaime Michelsen y sus compinches hicieron famoso por allá en los años 70 como epicentro de infaustas y torcidas aventuras financieras. Para el SITP el centro histórico de la capital no existe.

No sobra decir que a partir de esta infortunada experiencia, sumada a otras, me juré a mí mismo no volver a intentar subirme a un carro de estos. Difícil encontrar una nomenclatura y un entramado de rutas tan sofisticado, pero a la vez tan poco asimilable para el usuario.

Prueba de esta realidad es lo que uno observa casi a diario en la mayoría de las vías de la capital: hileras de buses azules transitando y contaminando unos detrás de otros, pero con niveles bajísimos de ocupación.

¿A quién le puede servir, por ejemplo, una ruta club El Nogal-Las Ferias? Con toda seguridad, ni a los socios ni a los empleados de tan prestigioso recinto social. El caos de la Carrera 11, al poner en marcha el doble carril, no se origina por exceso de vehículos particulares, sino por la interminable fila de buses azules de gran tamaño –unos detrás de otros– que en su conjunto no transportan más de siete personas, incluyendo los conductores.

En resumen, el sistema adolece de gravísimas fallas tanto por el lado de la demanda como de la oferta. El peor de los escenarios posibles. No es sostenible y lo más grave, lleva rato sin mostrar el menor asomo de querer mejorar.

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Genera disgusto el autobombo en que incurren casi todos los noticieros de televisión, nacionales e internacionales, que se consideran, cada uno, como el único capaz de hacer un análisis certero de las noticias presentadas. De esta crítica solo se salva CM&, elegante, discreto y siempre fiel a su formato tradicional.

Gonzalo Palau Rivas
Profesor de la Universidad del Rosario
gpalau@cable.net.co

 

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