Gonzalo Palau Rivas

La ‘mancha azul’ de Petro

Gonzalo Palau Rivas
POR:
Gonzalo Palau Rivas
octubre 21 de 2013
2013-10-21 12:24 a.m.
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Cuando decimos que una ‘mancha azul’ está afectando seriamente el ya cuestionado desempeño del alcalde Petro, no significa que en su pasado haya aparecido algún elemento de ese color o tinte que lo relacione con su gran contradictor, el representante Miguel Gómez, él sí de tinte azul hasta los tuétanos. Dicho sea de paso, tampoco sería la primera mancha de color en la vida del Alcalde. La de color rojo por su pasado beligerante al margen de la ley, le acaba de ser borrada con abundante dosis de blanqueador jurídico, según reciente fallo del Consejo de Estado.

Tampoco sería la primera mancha que como legado dejase un burgomaestre de la capital. A Peñalosa se le recuerda por la ‘mancha amarilla’, entendida esta como el desbordado transitar de vehículos de ese color, justo el día que se supone que menos automotores deban circular. Los observadores internacionales no entienden que para celebrar el ‘día sin carro’, las vías estén inundadas de taxis amarillos y camionetas blindadas y forradas con patente de corso.

Algo parecido está ocurriendo con la propuesta del SITP, que ha terminado por convertirse en una inmensa ‘mancha azul’ sin propósito o beneficio alguno. A pesar de las campañas publicitarias en diferentes medios de comunicación –¿cuál será su costo?, ¿cómo habrán sido contratadas?–, el público, mercado objetivo del sistema, sigue siendo totalmente apático y reacio a su utilización. Basta hacer algún recorrido por las principales vías de la capital y encontrar desparramada esta ‘mancha azul’, igual o mayor a la de las busetas chatarra, pero con una gran diferencia, estas últimas van normalmente atestadas y, mal que bien, están cumpliendo con su misión-visión. Las del SITP deambulan con una ocupación mínima, pero igual congestionan el tráfico y ya se dan el lujo de exhalar ingentes bocanadas de humo negro al igual que sus antecesoras.

Si uno transita a pie por la Avenida 19, en el centro de la ciudad, fácilmente puede observar una escena muy parecida a la de la guerra del centavo que usualmente protagonizaban los buses tradicionales, en busca ahora de algún incauto pasajero que por ignorancia o novelería decida subirse, pero desconociendo totalmente el destino final del vehículo y sobre todo incapaz de determinar con certeza la ruta a seguir.

Con ánimo benevolente y actitud positiva había llegado a pensar que los bajos niveles de ocupación podían obedecer a que dicha evidencia había sido tomada en proximidades del final de algunas rutas (la Avenida 19, en pleno centro de Bogotá). Mi ilusión quedó arrasada al haber tenido que realizado, por razones personales y en vehículo particular, un recorrido de occidente a oriente por toda la Calle 80, pasando por barrios de todo tipo de nivel social, económico y funcional, y el resultado fue exactamente el mismo: fila interminable de vistosos buses azules permanentemente desocupados en un trayecto de casi cien cuadras de recorrido.

En el sector privado un producto o servicio que en seis meses de presencia en el mercado no haya sido aceptado por el público, está mandado a recoger.

Si de aquí a la fecha de la revocatoria del Alcalde, algún ciudadano recoge evidencia de un vehículo azul transitando con más de diez pasajeros, mi voto será contra la revocatoria. Aplican restricciones en esta eventual prueba ácida: dentro de los pasajeros, no podría haber presencia de funcionarios del Distrito.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor de la Universidad del Rosario

gonzalo.palau@urosario.edu.co

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