Gonzalo Palau Rivas

¿Nuevo o mejor país?

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
diciembre 01 de 2014
2014-12-01 02:36 a.m.
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El segundo Gobierno del presidente Santos acaba de dar a conocer los lineamientos, metas, estrategias y, sobre todo, el título del nuevo Plan Nacional de Desarrollo que va a condicionar el rumbo de la economía nacional de aquí a agosto del 2018. Esta circunstancia no es casual. Ocurre en cumplimiento del mandato constitucional consagrado en el Art. 341 de la CP, según el cual todo Gobierno –así haya sido reelegido– debe proceder a elaborar y presentar su plan de desarrollo en los primeros seis meses de cada período.
Es importante concebir y dar a luz la criatura, pero también darle un nombre apropiado, de fácil asimilación por parte de la opinión pública. El que nos va a regir lleva por nombre ‘Todos por un nuevo país’, que, al mismo tiempo, se parece y se diferencia del anterior (2010-2014), ampliamente recordado como el de la ‘Prosperidad para todos’ y sus famosas cinco locomotoras. Se mantiene un hilo conductor a través de la palabra ‘todos’, en el entendido de que los objetivos planteados deben ser el resultado de un esfuerzo mancomunado de toda la sociedad. Lo de ‘nuevo país’ sí suscita dudas, pues, primero, no necesariamente todo lo nuevo de por sí es mejor. En la vida, los cambios pueden darse para mejorar, pero también para retroceder. Por otro lado, y bajo la premisa de que lo nuevo sea para mejorar, deja la sensación de que lo que se hizo en el pasado no fue lo correcto. Que lo diga y lo reconozca un gobierno reelegido es aún más sorprendente. Más apropiado hubiese sido algo así como ‘consolidación del nuevo país’.
Hecha esta consideración de carácter formal, pero no por ello menos relevante, y con base en la presentación que en el reciente seminario Anif-Fedesarrollo hizo Luis Fernando Mejía, en su condición de subdirector sectorial del DNP, lo más novedoso y destacable es la visión de carácter regional en cuanto a las metas propuestas y a las estrategias diseñadas para el logro de esas metas.
Es evidente que en Colombia tenemos grandes desigualdades y rezagos con respecto a los países considerados desarrollados, pero más dramáticas son las desigualdades al interior del territorio nacional. Como diría un experto en informática, una cosa es la internet y otra la intranet.
Por citar un solo ejemplo, los niveles de desigualdad y pobreza son de por sí aberrantes a nivel nacional, pero aún más intolerables si se miden por regiones o municipios. La brecha entre el Chocó o la costa Pacífica y el centro del país es mayor que la que pueda existir entre Colombia como un todo y países como Alemania o EE. UU.
Dada esta innegable realidad, suena lógico establecer metas y estrategias diferenciadas para cada una de las seis grandes regiones del país identificadas en el Plan: Caribe, Cafetera, Llanos Orientales, Pacífica, el Centro y la ubicada al Sur de la geografía nacional.
Cada una de ellas tiene problemas específicos y retos propios y, por lo tanto, requieren niveles de atención y dedicación diferentes. Si la región Caribe clama por disminuciones significativas en los niveles de pobreza, la Central requiere con urgencia desarrollo de la infraestructura para conectarse al resto del país.
Esta visión va además en la dirección correcta de acabar con la actual y absurda división política y administrativa por departamentos.


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