Gonzalo Palau Rivas

En las pelotas o balones está la clave

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
septiembre 01 de 2015
2015-09-01 04:37 a.m.
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“La oferta exportable de Colombia es limitada, concentrada en materias primas de escaso valor agregado, y tampoco es competitiva” (Portafolio, agosto 2015). Partiendo de este lapidario diagnóstico –proveniente de una autoridad en la materia como Manuel José Cárdenas–, queda muy poco por agregar y solo cuestionarse si verdaderamente la economía colombiana tiene posibilidades reales de insertarse exitosamente por la vía de las exportaciones, en un mundo cada vez más globalizado y convulsionado.

Para no llorar más sobre la leche derramada, preguntémonos ¿en qué podemos ser verdaderamente competitivos y generadores de valor agregado?. Basados no en la evolución de la tasa de cambio, que así como la estamos viendo disparada, como volador sin palo, en cualquier momento bien puede devolverse y precipitarse a tierra a la misma velocidad. Horas de insomnio he dedicado a identificar cuáles podrían llegar a ser ejemplos apropiados de rubros de exportación potencialmente exitosos.

Frecuentemente, se nos ha mencionado, por parte de los expertos, las posibilidades y beneficios de incursionar con productos tan autóctonos como la uchuva o la pitahaya. Suena atractivo, pero cuántas uchuvas se necesitarían en valor y cantidad para reemplazar los barriles de petróleo o las toneladas de carbón, hoy desaparecidas del escenario internacional.

Por otra parte, este tipo de productos que da la tierrita generosamente, poco valor agregado aportan y, para rematar, su comercialización se ve seriamente afectada por restricciones de tipo fitosanitario, en el marco de la pléyade de TLC suscritos con países de todas las latitudes.

Así las cosas, en las horas lúcidas de la madrugada recordé la existencia de uno de los pueblitos más lindos y amables de Boyacá. Monguí se destaca no solo por el encanto de sus paisajes y la amabilidad de sus habitantes, sino porque en algún momento fue productor y exportador de un artículo de altísima demanda en el mundo. ¿Qué otro bien puede llegar a tener un pedido casi ilimitado si no los balones de fútbol? Piezas indispensables para poder satisfacer la mayor afición que exista en los cinco continentes del planeta.

En alguna época los medios de comunicación nos ilusionaron a los colombianos con esta mina de oro. Fabricar balones de fútbol no implica el uso de insumos importados, pues abundancia de cueros, de buena calidad, es lo que hay en nuestro país. Esperemos que el hecho de tener que inyectarles aire, que circula libremente en el espacio, no transgreda alguna de esas normas seudoambientales que se están convirtiendo en un obstáculo para la realización de proyectos muy convenientes.

Con la garantía de un evento mundial cada cuatro años, sumado esto a la infinita serie de copas locales e internacionales, con pomposos nombres de gaseosas o marcas de multinacionales, el tamaño del mercado resulta ser inmenso y casi que infinito. Una vez entremos en la etapa del posconflicto, el Gobierno Nacional podría darles una manita a los productores locales, asumiendo, de manera gratuita, el transporte en los bien conocidos helicópteros que hoy se destinan de forma no muy eficiente a transportar miembros de las Fuerzas Armadas. Arriesgaríamos pelotas y no vidas humanas. Se aceptan sugerencias acerca de otros rubros que puedan ser parte de la estrategia exportadora que requerimos con urgencia para salir del atolladero en que estamos.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor de la U. del Rosario

gpalau@cable.net.co

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