Gonzalo Palau Rivas

Cómo reactivar la economía

Gonzalo Palau Rivas
Opinión
POR:
Gonzalo Palau Rivas
julio 13 de 2015
2015-07-13 01:21 a.m.
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Ante la ya innegable desaceleración de la economía colombiana, producto de circunstancias externas e internas, el Gobierno y, especialmente los principales responsables del tema económico, van a tener que acudir a toda su sabiduría y experiencia para diseñar estrategias que conduzcan a la ansiada reactivación.
En este orden de ideas, vale la pena acudir a lo que la teoría recomienda y analizar la viabilidad de esas recomendaciones en la coyuntura actual. Partiendo de la premisa de que el objetivo a corto plazo es volver a tasas de crecimiento aceptables (iguales o superiores al 5 por ciento), recordemos que el PIB tiene cuatro grandes componentes, cuyo comportamiento define el resultado final. Estos motores son el consumo de las familias, la inversión de las empresas, el gasto del Gobierno y las exportaciones de productos elaborados internamente. Al valor agregado que resulte de sumar estos componentes hay que sustraer el costo de las importaciones, no porque estas sean malas, per se, sino porque ese valor ya está contabilizado y distribuido en los cuatro motores mencionados: consumo, inversión, gasto publico y exportaciones.
¿Quién no consume a diario alimentos, bebidas o implementos de fabricación extranjera? Buena parte de la maquinaria y equipos instalados en las empresas es traído del exterior; y ¿qué decir, por ejemplo, de los helicópteros de alta seguridad adquiridos por el Gobierno con fines bélicos?
De estos cuatro componentes, en cualquier economía moderna, el que más pesa es el consumo de las familias. Fácilmente, entre el 60 y el 70 por ciento del valor del PIB. Por puro sentido común, alguien recomendaría concentrar todas las baterías de la reactivación en esta variable, dado su peso específico.
El problema es que el Gobierno no puede obligar, por decreto, a que las familias almuercen cinco o seis veces al día, con el fin de estimular la producción de alimentos. Y ni el cuerpo ni el bolsillo harían viable esta estrategia.
Por el contrario, la inversión de las compañías –a pesar de ser un componente relativamente bajo en el PIB final– sí es clave en un proceso de reactivación, dado el efecto multiplicador que genera sobre el empleo y los demás sectores de la economía. El problema es que las empresas no son entidades de caridad y las decisiones de hacer o no hacer inversión dependen de la rentabilidad esperada de los proyectos. Utilidad que tiende a ser baja, o incluso negativa, cuando nos movemos en escenarios poco propicios, como puede llegar a ser el que actualmente estamos viviendo.
El Gobierno mismo puede ser un actor fundamental en la búsqueda de la reactivación. Lo demostró hace casi cien años el gran Keynes. Aquí el problema es que para poder gastar, el gobierno –cualquiera que el sea– requiere de nuevos recursos por la vía de más impuestos y/o más deuda. En ambos casos, termina afectando negativamente tanto consumo familiar como inversión empresarial.
Queda, finalmente, el camino de recurrir al fomento de exportaciones nuevas, estrategia que no tiene efecto colateral adverso alguno, sobre las demás variables analizadas. Sin embargo, y, especialmente, en el caso colombiano, la estrategia ha mostrado ser difícil. Ya vamos a completar cinco años de TLC y uno de gran devaluación del peso, y las exportaciones se destacan por seguir en caída libre. Este análisis puede no ser novedoso, pero sí muy ilustrativo de la compleja coyuntura actual.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor, Universidad del Rosario
gpalau@cable.net.c


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