Gonzalo Palau Rivas

Superávit comercial dañino

Gonzalo Palau Rivas
POR:
Gonzalo Palau Rivas
mayo 05 de 2013
2013-05-05 08:38 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbd878a68f.png

Según la información estadística del Banco de la República sobre la evolución de los componentes de la balanza de pagos, la economía colombiana recibió en el 2012 US$92.397 millones y entregó al exterior la suma de US$87.427 millones.

La diferencia en estos valores explica el aumento en las reservas internacionales por valor de US$5.426, una vez ajustada la misteriosa cantidad de US$454 por concepto de errores y omisiones.

Haciendo uso de la facultad constitucional de intervenir en el mercado y con el ánimo de enfrentarse a la revaluación, el Emisor adquirió a través del mecanismo de compras discrecionales la suma de US$4.843 millones que –pesos más o pesos menos– implicaron una inyección monetaria de por lo menos nueve billones de pesos.

Este impacto monetario fue compensado parcialmente con operaciones de mercado abierto a través de la compra de TES del Gobierno, emitidos no con el fin de financiar el déficit fiscal, sino de recoger dinero en circulación.

Al descomponer las cifras de la balanza de pagos, según hayan sido operaciones propias de comercio exterior o de carácter financiero, se encuentra que la mayor diferencia contablemente a favor está en la balanza comercial, aquella que registra los valores de los bienes físicos o tangibles comercializados a nivel internacional.

Colombia vendió productos por valor de US$61.637 millones, en tanto que compró productos por US$55.637 millones para un saldo a favor (contable) de US$6.004 millones.

Otro ingreso importante, como ya es tradicional desde hace varios años, es el que corresponde a las remesas de trabajadores o familiares que viven y laboran en el exterior, y tienen un buen recuerdo o vínculo con sus allegados residentes aún en su querida patria (cerca de US$4.000 millones).

Se ha vuelto lugar común afirmar que la inversión extranjera es la fuente o causa principal de la revaluación del peso.

Sin embargo, si uno analiza las cifras de las cuentas financieras del sector externo observa que, si bien es cierto que la inversión extranjera batió récord en el 2012, con un monto de US$16.385 millones, por otra parte el neto de los pagos (dividendos) a la remuneración de esa inversión extranjera fue de US$16.682. ‘Lo comido por lo servido’.

De la misma forma, el monto de dólares recibidos por operaciones de endeudamiento externo tanto del sector público como privado, fue equivalente a las amortizaciones de capital realizadas por deudas anteriores.

En otras palabras, ni en los flujos netos de inversión extranjera ni en los flujos netos de crédito externo se originó el exceso de divisas en el mercado cambiario que llevó al Banco de la República a incrementar significativamente sus compras diarias de dólares.

¿Dónde está, entonces, el origen de la revaluación? Según las cifras reseñadas, el mayor valor de la oferta sobre la demanda de dólares está en la remesa de familiares y en el supuestamente positivo superávit comercial.

¿Qué hacer para contrarrestar la revaluación? Uno sería dejar de exportar cerebros que sean exitosos afuera y envíen parte importante de sus ingresos a sus parientes cercanos.

Legal y humanamente no es viable, salvo esperar a que la crisis de Europa reduzca esos montos. Queda, entonces, como principal causa el superávit comercial. De acuerdo con esto, lo sensato es estimular las compras en el exterior (importaciones) por parte de empresas y familias.

Esto no es nuevo. Le ocurrió a Francia en la posguerra.

Gonzalo Palau Rivas

Profesor, Universidad del Rosario

gonzalo.palau@urosario.edu.c

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado