Gonzalo Palau Rivas

Tres ceros menos sí son mucho

Es evidente que la revaluación de nuestro peso no se va a frenar por el simple hecho de que la tasa

Gonzalo Palau Rivas
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Gonzalo Palau Rivas
diciembre 07 de 2010
2010-12-07 12:49 a.m.
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En un futuro no muy lejano, no sería extraño que los precios de las acciones que cotizan en la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) tengan fuertes disminuciones, pero no por culpa de que llegue a reventarse la burbuja financiera en que aparentemente se encuentra inmerso nuestro mercado de capitales.


A título de ejemplo, la acción de Ecopetrol, que hoy ronda los cuatro mil pesos, bajaría a cuatro pesos, y la de Almacenes Éxito a veinte pesos, desde los veinte mil actuales. De igual manera, los colombianos más acaudalados no van a seguir contando su fortuna en billones y en cambio volverán a la humilde categoría de simples millonarios. Si todo esto llega a ocurrir es porque habrá culminado exitosamente su trámite legislativo el proyecto de ley que busca eliminar tres ceros a todos los precios y variables de la economía nacional.


El principal argumento que se suele esgrimir en contra del proyecto es que habiendo problemas tan graves y acuciantes como la revaluación o el desempleo, no debería dedicarse tiempo y recursos a un tema que aparentemente no va más allá de lo formal y nominal. Aquí bien vale la pena recordar la sabia máxima según la cual, 'los árboles frecuentemente no dejan ver el bosque' o en su defecto, 'lo urgente desplaza lo importante'.


Es evidente que la revaluación de nuestro peso no se va a frenar por el simple hecho de que la tasa de cambio caiga a dos pesos por dólar, en vez de los casi 2.000 que registra la TRM de estos días. Ni tampoco el desempleo va a reducirse porque el salario mínimo legal baje nominalmente de 515.000 pesos a 515 pesos por mes. Sin embargo, todo aquello que pueda contribuir a facilitarles la vida a los ciudadanos, en su rol de consumidores o de empresarios, de por sí ya debe ser visto con muy buenos ojos.


Otra crítica recurrente es el costo en que el Banco de la República incurriría como resultado de la anulación de las especies monetarias hoy en circulación y su reemplazo por las nuevas de curso legal. Es verdad sabida que en economía no hay almuerzo gratis y si algo es de beneficio general, pues hay que asumir su costo, que tampoco sería significativo, ya que periódicamente el Banco se ve obligado a reponer el stock físico de billetes, a raíz del deterioro que sufren en función de su utilización como resultado de ser el medio de pago de mayor aceptación.


El posible efecto sicológico de una nivelación por lo alto de muchos de los precios implícitos en la canasta familiar, no es un argumento insoslayable, pero mecanismos idóneos para enfrentar y contrarrestar este riesgo debe haberlos, pues de lo contrario experimentos exitosos en otras latitudes como el caso del euro en el 2001, no serían realidad palpable y tangible.


Esta experiencia funcionó, porque precisamente se dio en un contexto favorable y no en medio de una crisis de desconfianza hacia la moneda de curso legal, donde el cambio de divisa, o incluso la dolarización, se convierten en la única salida a la crisis inminente.


¿Qué mejor que aplicar esta cirugía en circunstancias en que la moneda nacional se encuentra fortalecida y no en un entorno enmarcado por presiones devaluacionistas con estampida de capitales?


No es casual que el Emisor le haya dado su bendición, a diferencia de lo ocurrido a principios de la década, cuando en el último debate le aplicó la estocada definitiva.

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