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Gustavo Tobón

Lo dijo Adela

Gustavo Tobón
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Gustavo Tobón
octubre 01 de 2008
2008-10-01 11:02 p.m.
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Adela Cortina, doctorada en Filosofía por la Universidad de Valencia en España, autora de varios libros y artículos sobre ética empresarial, responsabilidad solidaria, valores ciudadanos y responsabilidad social empresarial, estuvo hace unos días de visita en Bogotá y dialogó con empresarios, estudiantes y representantes de la academia sobre la responsabilidad social empresarial. Coherente, clara, profunda y excelente expositora, recordó algunas de sus convicciones ante un variado auditorio en el Club El Nogal.

Las acciones de las empresas tienen no solamente efectos al interior de ellas sino también sobre el entorno en el que trabajan. En ese contexto las empresas deben velar porque sus acciones no causen daño a las personas, a las empresas, a las comunidades con las que se relacionan y al medio ambiente. El objetivo debe ser la contribución a un desarrollo sostenible, al bienestar general, a la creación de empresas éticas y al diseño de una economía justa.

La doctora Cortina se preguntaba si era válido en un mundo globalizado, pleno de vasos comunicantes, una ética empresarial. La respuesta es sí. Ahora más que nunca se necesita una actitud moral que regule el accionar de las personas y de las empresas.

Recordó cómo en la cumbre de Davos en Suiza, en 1999, el entonces secretario General de la ONU, Kofi Annan, propuso un Pacto Mundial sustentado en el respeto y la protección de los derechos humanos y la preservación del medio ambiente. Ese pacto, que han venido suscribiendo empresas, se sintetiza en 10 principios que buscan un mundo mejor y más justo. ¿Cuántos empresarios lo recuerdan?

Para abundar en los compromisos sociales las Naciones Unidas en la cumbre del milenio del año 2000, destacó 8 objetivos orientados a la eliminación del hambre y la pobreza. Éstos, unidos a los del Pacto Global, deben estar en la agenda diaria de los empresarios y las empresas.

La responsabilidad empresarial, afirmó la doctora Cortina, debe ser el germen que nos lleve a una sociedad mejor y más justa. Para que esa meta sea viable es necesario asumir los compromisos y tener protagonismo. Además esa obligación tiene que estar sustentada en la convicción, vale decir en la certeza de lo que se hace es por el interés general. Todo lo contrario, también lo recordó, a lo que pregonó Milton Fiedman, cuando afirmó que la única responsabilidad de los empresarios era crear beneficio para los accionistas. La responsabilidad empresarial es contraria al individualismo que no mira más allá del beneficio propio. Actuar con sentido solidario genera confianza y ésta es el caldo de cultivo del desarrollo sostenible y del crecimiento económico equitativo.

La ética es rentable. Se ha comprobado, dijo, que la ética beneficia y se refleja en la cuenta de resultados del balance. Los códigos de conducta y buen gobierno de las empresas y su sentido de la responsabilidad social, logran que los consumidores las vean mejor. Eso las hace más exitosas y más competitivas.

gustavo_tobon@yahoo.com

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